Como siempre os digo, y os insisto, el destino no está escrito. Todo, absolutamente todo, se puede cambiar, porque el futuro lo vamos dictando día a día con lo que hacemos y decidimos en el presente. Así pues:
Al abrir los ojos por la mañana, repítete: «¡Qué maravilla estar vivo! Hoy me tiene que ir mucho mejor que ayer».
No olvides nunca que quien lleva las riendas de tu vida eres tú. Convéncete: «Estoy al mando de lo que me pase, y el único responsable soy yo».
Ve contento al trabajo. Con la crisis que tenemos encima, tener un empleo ya es motivo para alegrarse.
Aprovecha al máximo tus ratos libres. Si puedes estar divirtiéndote o dedicado a alguna afición, no te sientes a hacer el vago.
No te dejes agobiar por los problemas de dinero. A la mayoría no nos sobra para caprichos, y precisamente por eso ahorrar poco a poco para comprar algo caro da una satisfacción enorme.
No te compares con los demás, porque quien se dedica a eso acaba melancólico.
Sé menos criticón. Acepta tus limitaciones y las de tus amigos, y fíjate más en lo que sabéis hacer bien.
Mejora tu sentido del humor. No te tomes tan en serio y busca el lado cómico de los malos tragos.
Tómate tu tiempo, que no hace falta hacerlo todo a la vez. Y sonríe más a menudo y a más gente.
¡Felicidades! El tiempo te regala un libro en blanco, y lo que escribas en él saldrá de tu propia inspiración. Tú eliges la tinta: la del arco iris de la dicha o la gris y apagada del desaliento y la amargura; las palabras dulces del amor o el relato tenebroso del odio, que lo destruye todo.
¿Qué vas a escribir, amigo, en cada uno de los días que te quedan por llenar?
Un abrazo,
Javier Sanjuán