El destino, ¿existe? ¿cómo funciona?
Muchos me habéis preguntado por el destino. Si existe, si todo está ya escrito, si nuestras decisiones cuentan de verdad o si simplemente vamos recorriendo un camino que alguien trazó mucho antes de que llegáramos aquí. Hoy voy a responderos, aunque no para convenceros ni para que estéis de acuerdo conmigo, sino para dejaros una pregunta que muy pocos se atreven a hacerse en serio: ¿y si la realidad no fuera exactamente como nos la han contado?
Lo primero: sal del personaje
Antes de seguir necesito pediros algo. Durante unos minutos, dejad las emociones a un lado. No porque sean malas ni porque no importen, sino porque cuando miramos algo únicamente desde el dolor, la rabia o la indignación dejamos de ver el dibujo completo; nos quedamos con el trazo que más nos duele y perdemos el resto. Convertíos en espectadores, mirad la realidad desde fuera del escenario. Si no lo hacéis, lo que viene a continuación os va a parecer una tontería.
El gran error de nuestra época
Nos han enseñado que vivimos en un universo. Uno solo, con una única realidad y una única línea temporal, como si la historia solo pudiera contarse de una manera. Desde esa idea es lógico que muchas cosas nos parezcan injustas, arbitrarias o directamente incomprensibles. Pero ¿y si esa idea estuviera incompleta? ¿Y si lo que llamamos realidad fuera apenas una porción pequeña de algo mucho mayor?
Desde hace décadas, ciertos enfoques de la física teórica han abierto la puerta a una posibilidad que a mí me parece fascinante: que existan múltiples realidades coexistiendo al mismo tiempo. En el terreno de la espiritualidad, la magia y determinadas corrientes filosóficas esta idea lleva siglos circulando, así que no es tan nueva como parece cuando la cuenta un físico con corbata.
No habría una sola realidad, sino infinitas: un multiverso, una red de posibilidades donde cada decisión abre una rama nueva y cada camino te lleva a una experiencia distinta de la que habrías vivido por cualquier otro. Mientras leéis esto podría existir una versión de vosotros que hace diez años tomó otra decisión, que nunca conoció a determinada persona, que eligió otro trabajo o que simplemente vive una vida que no tiene nada que ver con la vuestra. Suena raro, lo sé. Pero muchas veces lo imposible es solo aquello que todavía no hemos entendido.
La paradoja del destino
Y aquí llega la parte que suele descolocar a todo el mundo. El destino, tal y como se lo imagina la mayoría, no existe: no hay una fuerza externa tirando de tus hilos ni una sentencia escrita de antemano por algún poder caprichoso con ganas de fastidiarte el domingo. Pero sí existe algo parecido, y es la consecuencia inevitable de todo lo que haces. Cada pensamiento mueve una dirección, cada acción tuerce una trayectoria, cada decisión cambia una realidad, y esto no es una opinión mía, es una ley que no deja de funcionar mientras estamos vivos: causa y efecto. Todo produce algo, todo deja una huella, aunque tardemos años en verla.
Lo que nadie quiere escuchar
A la mayoría de la gente le encanta pensar que lo que le pasa en la vida es cosa de la suerte, de la casualidad, de la mala fortuna, del destino o de cualquier otra excusa que le permita entregarle el mando a algo de fuera. Es más cómodo. Pero si miramos con honestidad, la realidad es bastante menos amable: lo que vivimos hoy está profundamente conectado con las decisiones que hemos tomado durante años, con los hábitos que repetimos sin pensar, con los pensamientos que alimentamos día tras día, con la gente que decidimos mantener cerca y con lo que aceptamos o rechazamos aunque nadie nos obligara a hacerlo. Nada surge de la nada. Nada aparece sin que algo, antes, lo pusiera en marcha.
El efecto mariposa y la realidad
Pensad en algo tan simple como salir a comprar una botella de aceite. Elegís una bolsa barata, la bolsa se rompe, el aceite cae al suelo, alguien resbala, ese tropiezo dispara una reacción y esa reacción, otra, y así hasta que, horas después, han pasado cosas que jamás habríais imaginado cuando salisteis de casa. Ahora imaginad que elegisteis otra bolsa, o que no salisteis, o que compraste algo distinto: toda la secuencia cambia, la historia cambia, el resultado cambia. Esto ocurre todo el rato, aunque no lo veamos. Vivimos rodeados de consecuencias invisibles, de decisiones aparentemente insignificantes que acaban torciendo futuros enteros.
La energía también elige caminos
Y aquí entra otro elemento importante: la energía. No decidimos solo con acciones, decidimos también con aquello que sostenemos de forma constante en la mente. Tus pensamientos tienen una frecuencia, tus emociones tienen una frecuencia, y tu estado interior influye en lo que atraes, en lo que toleras y en lo que rechazas sin darte cuenta. Quien vive instalado en el miedo toma decisiones muy distintas de quien vive instalado en la confianza, y decisiones distintas generan vidas distintas. Realidades distintas.
Dos ideas para llevaros hoy
La primera es aprender a observar más y a reaccionar menos. Metidos dentro del drama solo vemos el problema; en cuanto observamos desde fuera, empezamos a ver el patrón que lo repite una y otra vez.
La segunda es que tenéis mucho más poder del que creéis, muchísimo más, porque cada pensamiento, cada elección y cada acción están construyendo ahora mismo la realidad que vais a vivir mañana.
Por eso, cuando alguien me pregunta si el destino existe, respondo siempre lo mismo: no hay un destino que os gobierne, hay una red enorme de posibilidades, un multiverso de caminos potenciales, y cada día, con cada decisión que tomáis, elegís cuál de esas realidades acabará siendo la que llaméis vuestra vida.
Un abrazo.
Javier Sanjuán