LA VARITA MAGICA

Lo primero que quiero dejar claro es que la varita mágica no tiene ningún poder si el mago no se lo otorga. Eso se hace consagrándola, tanto en el proceso del tallado como en los usos que después le deis, así que las varitas mágicas comerciales, por muy bonitas que os parezcan, no sirven para nada.

Y ya que estoy, quiero matizar algo de un post anterior de Gandalf. Dices que "para brujas y magos ceremoniales, la varita mágica es el emblema del poder y la fuerza vital", y eso no es del todo correcto, por varias razones. La varita es un elemento de poder, como lo son otras herramientas, pero eso no la convierte en el emblema del poder. El emblema de poder del mago es su símbolo personal, y es en él donde se canaliza todo. Siguiendo el símil de tu propio nick, el símbolo del mago sería más bien como los anillos repartidos por la Tierra Media: siete a los elfos, siete a los enanos, siete a los hombres. La varita simboliza la voluntad, y por eso es importante en magia, porque la voluntad —recordad la frase "hágase mi voluntad"— se transfiere de forma más sencilla a través de ella. También difiero en otro punto de tu exposición: la varita pertenece obviamente al elemento tierra, puesto que de allí procede. El resto de usos que planteas son válidos, aunque hay muchos más, tantos como el mago quiera darle, porque la varita, o la vara mágica en sí, no es más que una prolongación del poder del mago o de la maga. Si el mago es capaz de hacer llegar su energía a la mano, la varita amplificará esa energía y facilitará que salga al exterior; pero si no es capaz de concentrarla en la mano, de poco le va a servir la varita.

Podríamos decir que la baraja del tarot es al vidente lo que la varita es al mago: sin ellas se puede trabajar igual, pero estos elementos facilitan el trabajo. Es como cuando haces una imposición de manos —tú que ahora practicas reiki—: si entre tu mano y la persona colocas una piedra de cuarzo blanco limpia, la energía que le llega a la persona se multiplica. Y si en lugar de multiplicarla lo que buscas es que se mantenga durante más tiempo, prueba con un simple algodón puro, del de farmacia sirve. Extiende un poco sobre la zona a tratar y transmite tu energía; ya me contarás qué tal.

Pero volvamos a la varita, que me disperso. Lo de las brujas modernas me ha hecho gracia, porque por muy modernas que sean, la varita debe ser de madera.

El primer paso es encontrar un bosque. No importa el tipo de árbol, importa que el bosque esté fuera de la civilización, que no sea artificial —sabéis que hay muchos bosques replantados con especies que no son autóctonas de la zona—, así que buscad uno de árboles autóctonos y lo más alejado posible de cualquier foco de contaminación. Paseáis por él. Se dice que el mago no elige nada en este proceso, que es el árbol, y la rama, quienes os eligen a vosotros. Para eso, camina por el bosque, contémplalo en un estado de relajación y de observación, sin prisa y sin voluntad de encontrar, solo de ser encontrado. Una vez estéis frente al árbol, iniciad una meditación en la que intentéis conectar con él. ¿Cómo se hace esto? Muy sencillo: habladle, tratadlo como a vuestro mejor amigo, y al mismo tiempo escrutad sus ramas sin prisa. Cuando sintáis cuál es la que os cede, pedidle permiso y, con sumo cuidado y con un instrumento poco agresivo —nada de sierras eléctricas ni hachas, porque la rama probablemente será fina—, cortadla.

Una vez cortada, dejad la rama en la base del árbol. Esto se hace para permitir que las entidades del bosque decidan si os la merecéis. Si es así, y lo será si habéis hecho todo lo anterior correctamente, al día siguiente la rama seguirá en el mismo sitio exacto donde la dejasteis. Si se ha movido, o ya no está, no la busquéis: empezad todo el proceso desde cero. Si sigue allí, perfecto, esa será vuestra futura varita, y ese árbol será vuestro árbol, al que podréis acudir siempre que queráis para pedir consejo o para hacer un trabajo que requiera fuerza y conexión con la madre tierra.

El siguiente paso es llevar la rama a vuestro lugar de trabajo, es decir, al cuarto donde hagáis vuestras meditaciones y donde no entre nadie, o casi nadie. Allí la colgaréis durante una lunación completa, a ser posible en posición vertical, ya sea apoyada sobre algo o colgada de un extremo con hilo de algodón. Si la apoyáis, dejadla sobre algo noble; no la dejéis encima del equipo de música, de la tele y, por supuesto, mucho menos del ordenador.

Pasado ese periodo, se procede a pulir la varita. Nos servirá una piedra rugosa —jamás un cuchillo— con la que trabajaréis con cuidado, de arriba abajo, hasta que quede suave al tacto; lo notaréis cuando llegue el momento. Hecho esto, se puede untar con cera pura de abeja o, si no la conseguís, con tierra ocre mezclada con yema de huevo. Yo, personalmente, prefiero la cera. La encontraréis en algunas droguerías, probablemente sólida; la calentáis al baño maría y, con un pincel de cerdas naturales, la extendéis por toda la varita y la dejáis secar. Añadirle más elementos, como minerales o algún tallado, queda ya al gusto del mago: hay quien la prefiere natural y quien prefiere grabar su nombre, el de su guía o algún símbolo propio. Ese detalle es opcional.

Se me olvidaba: la longitud de la varita debe coincidir con la medida desde el codo hasta la punta del dedo corazón. Esa medida no la busquéis en el árbol, sino en el momento de tallarla.

Hecho todo esto, hay que consagrar la varita, y aquí conviene ser estrictos. En este caso, la varita se consagra a nosotros mismos, no a ninguna entidad, porque ya procede de la propia naturaleza; consagrarla a una entidad sería tan absurdo como bautizar a un recién nacido porque venga de Dios. En este caso viene de la madre tierra, pero debemos hacerla nuestra. Para ello, buscad un lugar en esa habitación de la que hablaba, sentaos en el suelo con comodidad y, durante una hora al día a lo largo de siete días consecutivos, permaneced en estado de contemplación con ella: mirándola, hablándole, acariciándola y haciendo todo lo que os nazca, con el máximo de concentración, respeto y fe.

Con esto, la varita ya estará lista. Como siempre digo, los rituales los debe realizar un profesional, así que si no estáis preparados, no los intentéis: solo conseguiréis haceros daño y faltarle el respeto a la varita. Utilizadla para practicar la transmisión de energía, por ejemplo mediante reiki, con la imposición de manos. Guardadla siempre en un lugar seguro, seco y alejado de manos curiosas. La varita no es algo de lo que haya que presumir; podéis presumir de vuestro home cinema, pero no de la varita. Reservadla para los momentos especiales, y recordad: "como es arriba, es abajo". Si vosotros actuáis con ella, antes, durante y después de todo el proceso, con dignidad, respeto y un sentido sagrado, así quedará también reflejado arriba.

Espero que os sirva de ayuda y que os animéis a hacerla, aunque luego no vayáis a usarla para nada muy relevante. El propio proceso ya os despertará ciertas sensaciones y hará crecer vuestra energía y vuestra vinculación con la naturaleza.

Solo matizar que existen muchos métodos y formas distintas de hacer lo que acabo de describir. Este es el que yo seguí, basado en las tradiciones de los druidas, que fueron quienes transmitieron el conocimiento de las varitas al resto de culturas y magos, y por eso lo considero la forma más auténtica y original de hacerla.

Un abrazo…

Javi

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