Cómo nuestros pensamientos afectan nuestra vibración
TODO ES ENERGÍA: LA FRECUENCIA DE TUS PENSAMIENTOS CREA TU REALIDAD
Todo es energía.
Todo lo que vemos, escuchamos, tocamos, olemos o saboreamos llega a nosotros a través de diferentes longitudes de onda que vibran a distintas frecuencias.
Nuestro cerebro actúa como un traductor extraordinario capaz de interpretar esas vibraciones y convertirlas en aquello que percibimos como realidad física. Por eso vemos una silla, un árbol o una persona como algo sólido y tangible. Sin embargo, si pudiéramos observar la materia desde una perspectiva más profunda, reduciéndola a sus componentes más pequeños, descubriríamos que todo está formado por partículas en constante movimiento. En otras palabras, energía.
La ciencia lo explica mediante átomos y partículas subatómicas. La espiritualidad lo expresa de otra manera. Pero ambas coinciden en algo fundamental: todo vibra.
Y no solo la materia.
Nuestros pensamientos también son energía.
Cada vez que pensamos en algo, emitimos una vibración determinada. Cuando ese pensamiento nos hace sentir bien, cuando genera alegría, esperanza o confianza, vibramos en una frecuencia más elevada. Por el contrario, cuando alimentamos pensamientos de miedo, rabia, resentimiento o tristeza, nuestra frecuencia desciende.
Por eso no vibra igual un "te amo" que un "te odio".
La energía que emite cada uno de esos pensamientos es completamente diferente.
Además, cuanto más tiempo dedicamos a un pensamiento, más fuerza adquiere. Empieza a atraer otros pensamientos similares y poco a poco se crea una cadena que se alimenta a sí misma. Es lo que muchas personas conocen como la Ley de la Atracción: lo semejante atrae a lo semejante.
A medida que una vibración se fortalece, se vuelve más estable y más capaz de atraer experiencias, personas y circunstancias acordes con ella.
Por eso, si una persona pasa gran parte de su tiempo enfocada en noticias negativas, en conflictos, en desgracias o en todo aquello que confirma que el mundo es un lugar terrible, terminará encontrando cada vez más pruebas que respalden esa visión.
Y cuando se cruce con alguien que ve belleza, oportunidades y motivos para agradecer, probablemente sentirá rechazo o incomodidad, porque esa forma de pensar le resultará extraña.
Lo mismo ocurre con la percepción que tenemos de nosotros mismos.
Si constantemente te repites que no eres suficiente, que no puedes, que no mereces o que todo te sale mal, terminarás construyendo una frecuencia negativa que cada día te arrastrará un poco más hacia abajo.
Y cuanto más alimentes esos pensamientos buscando pruebas que los confirmen, más difícil será salir de ese círculo.
Incluso acabarás alejándote de las personas que creen en ti o que poseen una visión más positiva de la vida, simplemente porque su energía no encajará con la frecuencia en la que te encuentras.
Nuestra vibración determina en gran medida los pensamientos a los que tenemos acceso.
Cuando alguien permanece demasiado tiempo en estados negativos, le resulta complicado mantener pensamientos alegres o sostener emociones positivas durante largos periodos. No es imposible, pero sí requiere esfuerzo y constancia.
Ahora bien, ¿significa esto que somos únicamente nuestros pensamientos?
No exactamente.
En esencia somos energía pura. Nuestro estado natural es positivo, expansivo y elevado.
Por eso siempre existe la posibilidad de regresar a él.
Pero para conseguirlo es necesario trabajar de manera consciente y disciplinada, especialmente cuando llevamos mucho tiempo reforzando determinados hábitos mentales. Y lo cierto es que la mente crea conexiones con enorme rapidez.
Por eso resulta tan importante aprender a cuestionar los pensamientos negativos, practicar afirmaciones positivas, meditar, cuidar aquello que vemos, escuchamos y consumimos cada día, prestar atención a la música que nos acompaña y rodearnos de personas que sumen luz a nuestro camino.
Son pequeñas herramientas que, utilizadas con constancia, pueden transformar nuestro estado vibracional y ayudarnos a recuperar nuestra frecuencia natural.
Porque cada pensamiento que cultivamos tiene un efecto.
Puede elevarnos o puede arrastrarnos.
La buena noticia es que tenemos la capacidad de elegir.
No estamos obligados a ser esclavos de nuestra mente ni a aceptar cada pensamiento que aparece en ella como una verdad absoluta.
Podemos decidir conscientemente dónde ponemos nuestra atención.
Podemos cambiar nuestra energía.
Y cuando cambia nuestra energía, cambia también nuestra manera de sentir, de actuar y de relacionarnos con el mundo.
Por eso hoy te invito a hacer un compromiso contigo mismo.
Comprométete a no rendirte.
A no resignarte a vivir lejos de tu bienestar.
A no aceptar como definitivo un estado emocional que sabes que no representa quién eres realmente.
Utiliza tu libre albedrío.
Elige conscientemente pensamientos que te ayuden a crecer, a avanzar y a sentirte mejor.
Porque sentirse bien no es un lujo.
Es tu estado natural.
Lo único que tienes que hacer es permitirte volver a él.
Y si llega un momento en el que no consigues encontrar por ti mismo la luz al final del camino, recuerda que siempre puedes pedir ayuda.
Un psicólogo, un terapeuta o cualquier profesional que te aporte herramientas adecuadas puede darte ese primer impulso que necesitas para comenzar a caminar de nuevo.
A veces, todos necesitamos una mano que nos recuerde el camino de regreso a nosotros mismos.
Un abrazo.
Javier Sanjuán
Especialista en trabajos de amor efectivos