¿COMO SE HACE UN MAGO?

NO BUSQUES MAESTROS. BUSCA APRENDER.

Saludos a todos.

He leído con atención la pregunta que origina este debate y, aunque podría responder recurriendo a algunos capítulos de ese libro que llevo años prometiéndome terminar algún día, creo que todavía no ha llegado el momento de hacerlo. Así que intentaré ser breve... aunque los que me conocéis ya sabéis que cuando digo eso suele ocurrir exactamente lo contrario.

Tanto Caminante como otros compañeros han aportado respuestas muy acertadas y poco queda por añadir. Sin embargo, hay algunas ideas que considero importantes y que merecen ser compartidas.

La primera es quizá la más importante de todas:

Los maestros que te acompañarán durante toda la vida no existen. Nunca han existido. Y nunca existirán.

Y el motivo es sencillo.

Lo que hoy representa una verdad para ti, mañana puede convertirse en una etapa superada. Lo que hoy necesitas escuchar, quizás dentro de unos años ya no tenga ninguna utilidad para tu evolución.

Por eso siempre digo lo mismo a quienes se acercan a mí buscando un guía permanente.

No lo hagas.

No busques a alguien que piense por ti.

No busques a alguien que camine por ti.

No busques a alguien que te diga qué debes creer.

Busca aprender.

Busca crecer.

Busca comprender.

Porque el verdadero maestro no es quien te da respuestas eternas, sino quien te ayuda a formular mejores preguntas.

A lo largo de los años han venido muchas personas pidiéndome que las instruya en el sendero de la magia. Cada una tenía sus propios motivos. Algunas buscaban poder. Otras buscaban respuestas. Otras simplemente querían sentirse especiales.

Y mi respuesta siempre ha sido la misma.

Si quieres comenzar el camino de la magia, olvídate primero de la magia.

Sí, has leído bien.

Olvídate de los rituales.

Olvídate de los grimorios.

Olvídate de los nombres impronunciables, de los símbolos extraños y de los supuestos secretos ocultos.

Antes de todo eso debes construir algo mucho más importante.

Debes conocerte.

Debes aprender a gestionar tus emociones.

Debes desarrollar empatía.

Debes fortalecer tus principios.

Debes descubrir quién eres cuando nadie te observa.

Porque intentar construir conocimientos elevados sobre una personalidad inestable es como intentar levantar un castillo sobre arena.

Tarde o temprano terminará derrumbándose.

Por eso, cuando alguien me pregunta por dónde empezar, suelo sorprenderlo con la respuesta.

Le recomiendo que lea El Principito.

La Historia Interminable.

El Maravilloso Mago de Oz.

Alicia en el País de las Maravillas.

Y entonces me miran extrañados.

Esperaban escuchar nombres de grandes ocultistas.

Esperaban libros antiguos escritos en latín.

Esperaban fórmulas secretas.

Pero todavía no han comprendido algo fundamental.

Los grandes símbolos de la magia están mucho más presentes en los cuentos que en muchos tratados esotéricos.

Las enseñanzas profundas suelen disfrazarse de historias sencillas.

Los grandes secretos suelen esconderse donde nadie los busca.

Ya habrá tiempo para Hermes.

Ya habrá tiempo para Crowley.

Ya habrá tiempo para los sistemas iniciáticos y las enseñanzas avanzadas.

Primero aprende a caminar.

Después aprenderás a correr.

Porque otra realidad que muchos olvidan es que no es lo mismo ser un gran mago que ser un gran maestro.

La experiencia no garantiza la capacidad de enseñar.

El conocimiento no garantiza la capacidad de transmitir.

Y la sabiduría no siempre viene acompañada de vocación.

Hay personas que poseen enormes conocimientos y son incapaces de compartirlos.

Y otras que, con mucho menos saber acumulado, tienen el don de despertar algo dentro de los demás.

Como me gusta explicar mediante ejemplos, utilizaré uno sencillo.

Nadie entra en un conservatorio y comienza a interpretar una sinfonía el primer día.

Primero aprende solfeo.

Después aprende teoría.

Después práctica.

Y solo entonces empieza a dominar el instrumento.

Con la magia sucede exactamente lo mismo.

Por eso siempre he dicho que un mago nace y se hace.

Algunos nacen con determinadas capacidades más desarrolladas.

Otros no.

Pero la diferencia real siempre termina marcándola la disciplina.

El trabajo.

La constancia.

La humildad.

Porque el talento abre una puerta.

Pero solo el esfuerzo permite atravesarla.

El sendero de la magia es largo.

Mucho más largo de lo que la mayoría imagina.

Exige paciencia.

Exige sacrificios.

Exige tiempo.

Y también exige pagar un precio.

A veces económico.

A veces emocional.

A veces personal.

Porque toda enseñanza tiene un coste.

Siempre.

Y quien te diga lo contrario probablemente todavía no ha comprendido cómo funciona la vida.

Ahora bien.

¿Cómo reconocer a un verdadero maestro?

La respuesta puede parecerte extraña.

Para mí, un verdadero maestro es alguien que sabe que también tiene cosas que aprender de ti.

Así de simple.

Durante todos estos años he aprendido de cientos de personas.

De alumnos.

De clientes.

De amigos.

De desconocidos.

Cada uno me ha mostrado algo que yo no veía.

Uno me enseñó la constancia.

Otro la humildad.

Otro el coraje.

Otro la capacidad de reinventarse.

Otro la importancia de la palabra dada.

Otro la fuerza para seguir adelante cuando todo parece perdido.

Por eso jamás he creído en la figura del maestro absoluto.

Todos enseñan.

Todos aprenden.

Todos somos maestros y alumnos al mismo tiempo.

El verdadero sabio jamás presume de sabiduría.

El verdadero mago jamás necesita demostrar que lo es.

Y cuando alguien aparece proclamando que posee la verdad absoluta, mi consejo es sencillo:

Corre.

Porque quien cree haber llegado al final del camino hace mucho tiempo que dejó de avanzar.

Los verdaderos maestros suelen pasar desapercibidos.

No porque se escondan.

Sino porque no necesitan exhibirse.

No tienen nada que demostrar.

Solo tienen algo que compartir.

Por eso, si algún día quieres convertirte en un gran mago, recuerda esto:

Destruye tu armadura.

Abandona tus prejuicios.

Atrévete a cruzar la madriguera del conejo.

Camina por la senda de baldosas amarillas.

Aprende a observar como el Principito.

Aprende a creer como Bastián.

Aprende a cuestionar como Alicia.

Y, sobre todo, comprende que nadie recorrerá el camino por ti.

Porque el viaje siempre será tuyo.

Las decisiones siempre serán tuyas.

Y el maestro que más tiempo te acompañará durante esta vida no está en un templo, ni en un libro, ni en un curso.

Está dentro de ti.

Un abrazo para todos aquellos que alguna vez me enseñaron algo.

Y para todos los maestros que todavía me quedan por encontrar.

Javier Sanjuán

P.D.: Iba a escribir algo breve. Una vez más he fracasado estrepitosamente en el intento.

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