Saludos. El péndulo, o radiestesia, que es como se le llama técnicamente, es de los métodos que más usa quien empieza en la videncia, sobre todo porque es fácil de manejar y no cuesta conseguir uno. Ahora bien, el resultado depende mucho de quién haga la consulta y de lo metido que esté emocionalmente en el asunto. Si eres imparcial y sabes manejar la energía del péndulo, te puedes fiar bastante de lo que te diga; si no, lo que obtendrás será tu propia opinión moviéndose de un lado a otro. Conviene además que el péndulo esté libre de energía negativa y trabajado para esta función (en otros apartados del blog explico cómo se purifican los minerales y el resto de herramientas mágicas).
Se trata de una masa colgada de un hilo o de una cadena que mide entre diez y treinta centímetros.
Formas
La masa puede ser redonda o alargada, y suele ser de metal, cristal o madera; algunos llevan incluso piedras preciosas incrustadas. Si estás empezando, lo mejor es comprar uno comercial, a ser posible de cuarzo blanco y con punta, y purificarlo tú después. La cadena tiene que ser de un material noble o neutro: sirve el oro, mejor la plata, pero no el acero ni la chatarra de bazar. Si no quieres gastar tanto, el cuero es neutro y cumple perfectamente.
El péndulo y la radiestesia: cómo proceder
Uno de los usos más corrientes es adivinar el futuro de una persona, y lo ideal es hacerlo con ella delante. Cuando no puede estar, hace falta un péndulo con un hueco interior donde meter lo que se llama un «testigo»: una fotografía, un mechón de pelo, un poco de saliva, un papel con su firma o su nombre, lo que se tenga. Aun así, como siempre os digo, lo mejor es en persona. Y insisto en que hay que estar concentrado y ser objetivo, porque si no vuestros deseos acabarán decidiendo la respuesta. El testigo se coloca dentro del hueco y entonces empiezan las preguntas.
Con la persona delante o sin ella, el péndulo solo da cuatro respuestas:
Si se balancea de delante hacia atrás, acercándose a vosotros y alejándose, significa «sí».
Si se balancea de lado a lado, significa «no».
Si da círculos, el universo no quiere responder por ahora porque la pregunta está mal planteada: toca reformularla.
Si permanece quieto, o bien el universo quiere que lo descubráis por otro medio, o bien no estáis lo bastante concentrados. En ese caso no insistáis demasiado: si a la segunda o tercera vez sigue inmóvil, dejadlo y volved a intentarlo otro día.
También se usa para buscar personas desaparecidas, objetos y animales, y en uno de sus usos más antiguos, que conocen incluso quienes no saben nada de magia, para localizar agua y decidir dónde excavar un pozo, porque bien manejado el péndulo conecta con la energía telúrica de la tierra. Si no podemos estar sobre el terreno, se trabaja con un mapa. Entonces se divide en cuadrantes y se pasa el péndulo despacio por cada uno, sin perder la concentración: solo se piensa en lo que se está haciendo, y si se os cruza por la cabeza el culo de la vecina o del vecino, paráis y empezáis de nuevo más tarde. Cuando el péndulo empieza a girar, está señalando la zona donde se encuentra lo que buscamos.
Su manejo es sencillo. El radiestesista sostiene el hilo entre el índice y el pulgar, procurando que los demás dedos no lo toquen, y lo suspende sobre el objeto del que quiere obtener información. Si se trata de una persona, sobre su palma izquierda o sobre la vuestra (al revés si sois zurdos). Concentrados, le habláis al péndulo, sí, le habláis, y le pedís que os muestre el «sí», el «no» y las demás respuestas que acabo de explicar. Si lo que hace coincide con lo que le habéis pedido, el vínculo entre vosotros y el péndulo está establecido y podéis empezar. Si no coincide, lo intentáis un par de veces más, y si sigue sin responder bien, lo dejáis para otro día.
Y hay una premisa que creo que es la enésima vez que repito en este post, pero es que es imperativa: para usar el péndulo y practicar radiestesia hace falta concentración total y objetividad. Solo así los resultados serán los más satisfactorios posibles y no estarán condicionados por lo que uno desea oír.
Un abrazo.
Javier Sanjuán.