El poder de la mente: tú decides cómo te trata la vida

Para explicar el enorme poder de nuestra mente no conozco mejor camino que el axioma que lo resume de forma concreta y concisa:

«EL TODO es MENTE; el universo es mental.»

Este principio, atribuido a Hermes Trismegisto y recogido en el libro «La tabla esmeralda», contiene la verdad de que todo es mente. Dice que EL TODO (la realidad sustancial que subyace a todas las manifestaciones y apariencias externas que conocemos como «el universo material», «el fenómeno de la vida», «la materia», «la energía» y, en resumen, todo lo que resulta evidente a nuestros sentidos materiales) es ESPÍRITU, que en sí mismo es INCOGNOSCIBLE e INDEFINIBLE, pero que podemos considerar y concebir como UNA MENTE UNIVERSAL, INFINITA Y VIVIENTE.

Dice también que todo el mundo o universo fenoménico es simplemente una creación mental del TODO, sujeta a las leyes de las cosas creadas, y que el universo, tanto en conjunto como en sus partes o unidades, existe en la mente del TODO, en cuya mente «vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser».

Esto respalda y amplía nuestra definición anterior. Aplicado al ejemplo de la carrera, Dios, o el TODO como lo llama Hermes, creó el escenario donde se corre, creó en cierta manera a los corredores y puso las reglas del juego; pero fuimos nosotros, los seres creados, quienes decidimos venir a correr para experimentar lo que éramos. Por eso, y lo veremos en otro tema, somos responsables de cómo hagamos aquello a lo que hemos venido.

Tras leer este axioma hermético, que a lo mejor resulta complicado, intentaré explicarlo de forma más simple. Según esta teoría, Dios imaginó un tablero de ajedrez en el que las piezas, creadas de antemano, pudieran demostrarse cuánto valían y poner en práctica todo lo que sabían. Ese tablero con sus fichas es, podría decirse, a lo que se refiere Hermes cuando afirma que «el todo es mente».

Ahora bien, en el axioma hay un matiz, y para algunos una paradoja: «el universo es mental». Si la creación en la que nos movemos, e incluso nosotros mismos, somos una creación mental de Dios, el único medio posible para interactuar en este plano es ese mismo. Solo podremos interactuar en esta vida de forma mental, y aquí está el gran secreto revelado, porque ahí reside nuestra mayor bendición y a veces también nuestra mayor limitación. Si esto es tan cierto como creemos, y siguiendo con el ejemplo del ajedrez, cómo nos movamos por el tablero y cómo nos relacionemos con las demás piezas depende única y exclusivamente de nosotros, de lo que decidamos y elijamos.

Entenderemos, por tanto, que el potencial que desarrolle cada uno, y hasta dónde nos lleve la vida, será consecuencia de nuestras decisiones individuales. Eso nos lleva a otro axioma, el de la causalidad de los acontecimientos, que está explicado en el foro y que os recordaré más adelante en otros posts...

Esto es muy fácil de aceptar para quienes parece que todo les va bien, esos a los que, a ojos de los demás, la vida les sonríe, o eso creen ellos. Y no están del todo equivocados: la vida les sonríe, sí, pero porque antes le han sonreído ellos a la vida, y no al revés, como creen los cobardes y los envidiosos.

Como ya habréis deducido, tú, yo y todo lo que nos rodea formamos una creación de la que somos coautores, junto a Dios, en todo lo que sucede. Él creó el patio de juegos (bueno, literalmente él es el patio de juegos), y nosotros elegimos a qué jugar, o si nos pasamos el rato sentados en un banco llorando o criticando a alguien. En ese patio podemos elegir lo que queramos y conseguir con esos «juegos» todo lo que seamos capaces de imaginar...

Suena fantástico, ¿verdad? Y seguro que me preguntas qué pruebas tengo de que lo que digo es cierto. Aunque tuviera mil y una pruebas empíricas y tangibles, y te las pusiera delante, PARA EL QUE NO QUIERE CREER, MIL PRUEBAS NO CREARÁN UNA CERTEZA, así que en este post no voy a darte ninguna. Solo te diré, aun a riesgo de parecer condescendiente, que desde que creo lo anterior (y otras cosas, obvio) la vida me sonríe, y lo hace porque antes le sonreí yo a ella. Soy el capitán de mi destino y nada escapa a mi voluntad, aunque, igual que tú, soy un mortal con una mente «traviesa» y ni de lejos estoy en un estado de vacuidad en el que nada me afecte.

Te pongo un ejemplo. Si en ese patio te acercas a unos niños con cara de mala leche, insultando, pegando, quejándote de todo y culpándolos de cosas que ni conocen, ¿crees que querrán jugar contigo? Pues con la vida pasa lo mismo, y cuando hablo de la vida me refiero a la tuya, a la mía, a cómo se comporta el mundo con nosotros y a cómo se van sucediendo los acontecimientos.

Esta ha sido la segunda introducción. Continuaré explicando cómo conseguir que los acontecimientos y las circunstancias de nuestra vida sean como realmente queremos, pero antes, para terminar, un último matiz: ¿sabes de verdad qué quieres en la vida, qué es lo que te haría feliz? Y la más importante de las preguntas: ¿quieres serlo y crees que te lo mereces?

Un abrazo…

Javier Sanjuán…

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