Antes de empezar, una advertencia: nada de lo que cuento aquí sustituye el tratamiento médico. Si tienes una enfermedad, una lesión o cualquier síntoma que te preocupe, ve al médico y sigue lo que él te indique. Si además quieres practicar esto, hazlo como complemento, nunca en lugar de su tratamiento.
Esta es la teoría del control biokinético de los genes, y podemos usarla para reforzar la capacidad mental estimulando nuestros genes.
La biokinesis es el uso de la energía cinética, o del control genético. Si se llegara a dominar, ¿no sería posible reprogramarse genéticamente? En teoría, sí.
Reprogramándote genéticamente podrías convertirte en un ser humano extraordinario, y cualquier cosa sería posible. Si reprogramaras los genes de los ojos, por ejemplo, podrías ver más lejos y mejor, o percibir movimientos tan rápidos que normalmente no podrías seguir. En ese ser humano extraordinario, los procesos de reprogramación incluirían cosas como la ausencia de dolor o el fortalecimiento de la mente.
Pero hay más, mucho más. Una evolución así tardaría meses en producirse. Habría que cambiar los ojos, los músculos, los reflejos, el sistema nervioso, las capas de la epidermis y todos los puntos vulnerables del cuerpo, y dejarlo todo equipado al máximo. La idea es hacerse indestructible.
Ahora, la parte que más apetece. La gente envejece únicamente por las células que mueren en su cuerpo. Si te reprogramaras para rehacer las células muertas, ¿dejarías de envejecer? Supuestamente, sí. Hablo de inmortalidad, sí. Podría alcanzarse por este camino, pero nadie lo ha conseguido todavía, así que queda la duda de si es posible. Y ojo, que la inmortalidad no te hace invencible: un accidente de coche podría dejarte inmóvil. (Repito que todo esto sirve también para fortalecer la mente.)
He desarrollado una técnica que parece funcionar para cosas de menor importancia, como que el frío no se note como frío. Esto es lo que hago. Medito durante media hora más o menos y, cuando alcanzo un estado de relajación, dejo que el PSI empiece a atravesarme. Creo en el cuerpo una aguja pequeña de energía, muy fina y mantenida. Visualizo mis genes recorriendo el cuerpo dentro de tubos pequeños, le digo mentalmente a la aguja cuál es su propósito y qué quiero cambiar en los genes, y con la voluntad la envío, hecha de PSI, a la corriente del gen. Es muy importante usar el PSI para cubrir el agujero que deja la aguja; si no, la zona que has trabajado empezará a resentirse. Una vez dentro, deja que la aguja vuelva a formar una masa pequeña de PSI y de juventud para tus genes (también aplicable a la mente).
Llegado este punto, puedes «despertar» de la meditación y seguir con tu día como siempre. Mantén en la cabeza todo el día el deseo de mejorar la zona en la que has trabajado y conserva esa actitud. Pasada una semana más o menos, empezarás a ver y a sentir los resultados. No juegues con esto, es muy peligroso y solo debe intentarlo alguien con experiencia en PSI o en ki.
1. Meditación
Supongo que quien lea una guía de biokinesis tendrá ciertas nociones de meditación, así que aquí solo expongo una técnica muy apta para la curación. Conviene hacerla antes de una autocuración o incluso antes de practicar biokinesis.
Buscaremos un lugar tranquilo donde estemos cómodos.
Adoptaremos la postura que más nos convenga (loto, tumbados…).
Relajaremos todo el cuerpo.
Vaciaremos la mente de pensamientos durante unos minutos.
Visualizaremos nuestros chakras; puedes imaginarlos como flores, cada una del color asociado a su chakra.
Nos concentraremos en el más alto y, enviándole energía, haremos que se abra y lo sentiremos: su luz, su energía…
Haremos lo mismo con cada chakra durante unos minutos, los suficientes para abrirlo bien.
Después nos visualizaremos como una sombra negra de contornos bien definidos en la que solo brillan los chakras.
Nos quedaremos en ese estado de paz unos minutos.
Imaginaremos una cremallera que va cerrando nuestro cuerpo y cerrando de nuevo las flores de colores.
Contaremos de 10 a 0 y abriremos los ojos.
Puedes sentir también los chakras de las manos y de los pies, pero no les dediques mucho tiempo.
2. Relajación
La relajación viene bien siempre, y más cuando tenemos problemas musculares.
Túmbate boca arriba, con ropa cómoda.
Cierra los ojos y cuenta de 50 a 0.
Visualiza un paisaje tranquilo, por ejemplo una playa.
Siente todo lo que hay en él: texturas, olores…
Visualízate allí.
Deja volar la imaginación, pero siendo consciente de que estás en ese cuerpo, que eres tú.
Prácticas de nivel 1
Con estas prácticas podrás trabajar sobre ti mismo y cambiar algunos aspectos de tu cuerpo físico, empezando por lo más sencillo.
3. Curación básica
Esto no sustituye el tratamiento médico: si estás enfermo, sigue con tu médico y usa esta práctica, como mucho, como complemento.
Haz la meditación descrita antes.
Antes de cerrar los chakras, fíjate bien por si notas alguno más débil. Si es así, aumenta su nivel de vibración y envíale energía pura para limpiarlo.
Si conoces la enfermedad, actúa sobre el chakra más cercano a la zona (o sobre varios). Para ello, visualiza un remolino azul y negro que absorbe los puntitos negros que cubren tu chakra.
Pásale el remolino durante unos minutos, hasta que veas que está bien. Usa siempre el remolino aspirador.
Es posible que necesites varias sesiones diarias con el remolino aspirador para eliminar la enfermedad del todo.
4. Biokinesis egoísta
Vamos a aprender un poco de biokinesis egoísta. Empezaremos por lo «típico», que es cambiar el color de los ojos, con un método que te servirá para cualquier otra cosa.
Haz la meditación o alcanza el estado alfa.
Céntrate en tu objetivo, que en este caso son los ojos.
Visualiza los tejidos del órgano y concéntrate en ellos, célula por célula.
Visualiza el PSI que hay en cada célula, la energía que contienen.
Intenta crear una psiball alrededor del órgano.
Programa la energía: visualiza cómo la cargas con un concepto que puedas repetir varias veces en la cabeza, en este caso «cambiar el color de… a…».
Siente cómo la información de las células cambia gracias al PSI. Debes creer que lo que haces va a funcionar, y creerlo del todo.
Esto exige práctica diaria, porque las células tardan en cambiar la información. Para volver al estado anterior basta con hacer el proceso a la inversa. Es importante que fijes bien el objetivo (cambiar de color), porque si no podrías hacerte daño.
Cuando hayas terminado el nivel 2, comprobarás que ya controlas la biokinesis. Aunque todavía no estarás preparado para enseñar a los demás, sí podrás ayudar a quien lo necesite, mejorar tus sentidos, sanar la mente de impurezas e implantes y trabajar con elementos de la naturaleza.
5. Biokinesis egoísta: cambio de color de ojos (otra versión)
Relájate hasta el estado alfa.
Visualiza tu cuerpo tumbado y saca energía (PSI) del maná o de la energía que hayas absorbido de otros objetos (el sol, la luna, etc.).
Mira cómo esa energía se vuelve fina como un hilo, atraviesa tu cuerpo y llega a la cabeza y luego a los ojos.
Esa energía rodea el ojo, o más concretamente el iris. La dejamos ahí, la sentimos y visualizamos cómo el ojo cambia hasta la tonalidad que hayamos elegido.
Cuando termines, visualízate como si te vieras en un espejo, con el color de ojos que hayas elegido. Y ya está.
Un consejo: lo mejor es que la energía sea de color azul.
6. Regeneración de cicatrices y eliminación de marcas o manchas
Relájate en estado alfa o con la meditación.
Visualiza tu cuerpo entero y observa la piel. Siente la energía y envíala a la herida.
Visualiza cómo esa energía entra en la piel, cura las células y deja la piel lisa en el lugar de la herida, con el mismo tono que el resto. Listo. Aplícalo varias veces al día o deja esa energía programada.
7. Textura y color del cabello
Conviene tener algunas nociones de folículos pilosos, melanina y temas relacionados.
Relájate en estado alfa.
Visualízate tumbado y envía energía en forma de hilo desde el maná o la energía alternativa hasta la cabeza. Detén esa energía y déjala flotando (fly&stand).
Visualiza tu cabeza como si tuvieras un microscopio y vieras al detalle cada folículo, con su textura, su color…
Para cambiar el color, usa la energía que tenías preparada y envíala a rodear toda la piel de la cabeza. Haz que entre en cada folículo y mira cómo dentro se van creando, gracias a ella, pequeños granitos o pigmentos del color que quieras para el cabello. Después mira cómo todos los pelos van saliendo del color elegido.
Para cambiar la textura (liso, rizado, etc.), envía la energía flotante (fly&stand) a los folículos. Si tu pelo es rizado, el folículo no es del todo redondo; si lo quieres liso, visualiza cómo se va haciendo cada vez más redondo, y hazlo con todos.
Teoría: el ADN
Se habla mucho de cambiar el ADN y de cómo hacerlo, pero antes de planteárselo conviene entender ciertos conceptos básicos sobre el ADN y el genoma humano. Al fin y al cabo es nuestro cuerpo, y esto no es un juego.
Podemos empezar preguntándonos algo sencillo: ¿qué es el ADN? La respuesta corta es que es el material genético que condiciona todo lo que sucede en nuestro cuerpo. La larga es que se trata de una doble hélice formada por bases nitrogenadas que se corresponden entre sí (la adenina siempre va con la timina y la citosina siempre con la guanina), más moléculas de azúcar (desoxirribosa) y grupos fosfato. Un nucleótido es la unión de una base nitrogenada con una desoxirribosa y un grupo fosfato, y podemos imaginarlo como una letra del abecedario con el que se forman los genes.
El abecedario de la vida
A diferencia del nuestro, el alfabeto del ADN solo tiene cuatro letras, A, T, C y G, que representan la base nitrogenada de cada nucleótido. Con ellas se forman las «palabras» que se traducen en información genética. Esas palabras se componen de tres nucleótidos y se llaman tripletes o codones. Cada codón se traduce en un aminoácido, y un gran conjunto de codones da una proteína.
Proteínas y amino… ¿qué?
Aquí viene lo más difícil de entender: el ADN solo codifica proteínas. La mayoría de las hormonas son proteínas, y los tejidos celulares están hechos sobre todo de proteínas. Es a través de ellas como se consiguen los efectos que se notan con la biokinesis. Si quieres aclarar el color del pelo, de los ojos o de la piel, lo que haces al practicar biokinesis es reducir el nivel de melanina que codifica tu ADN, y la melanina, cómo no, es una proteína. Este proceso, además, lo regula de forma natural una hormona que, si no recuerdo mal (LOL), también es una proteína.
Ahora bien, ¿qué es una proteína? Para lo que nos interesa, una cadena de aminoácidos que se produce al codificarse en el ADN una cadena de codones. Pero no es tan simple, porque las proteínas no se «traducen» directamente del ADN. El proceso ocurre en los ribosomas, con ayuda de una molécula llamada ARN mensajero.
ADN y ARN
Sabemos que la adenina va siempre con la timina y la citosina con la guanina, ¿verdad? Pues eso es lo que permite sacar un «molde» del ADN que viaja fuera del núcleo de la célula hasta los ribosomas, que es donde se sintetizan las proteínas. Ese molde es el ARN mensajero y, como en los demás tipos de ARN, la timina se sustituye por uracilo (U), aunque a efectos prácticos ambas cumplen la misma función.
En el ribosoma se empieza a leer el ARN mensajero. Con cada codón que pasa, el ribosoma «llama» a un ARN transportador que trae el aminoácido correspondiente, y así hasta completar la proteína.
Son proteínas, ¿y ahora qué?
De las proteínas queda tema para rato, pero pasemos a lo siguiente. No todas son útiles en todo momento, y habrá algunas que no decodifiquemos en toda la vida porque están ahí por si acaso nos toca un entorno hostil o nos falta el alimento adecuado. Eso plantea una pregunta: ¿cómo y por qué se manifiestan unos genes y otros no?
El operón
Es el nombre del modelo de control génico de las bacterias, una versión simplificada del nuestro que nos sirve igualmente. El esquema siguiente muestra cómo actúa el operón en una bacteria para que pueda alimentarse de lactosa, que no es su nutriente habitual.
Lo que explica el operón es que algunos genes existen para controlar la expresión de otros, que son los que dan las proteínas que realmente se fabrican. Que nuestros genes tengan un mecanismo de control es lo que permite que las células del hígado estén en el hígado y no en los pulmones, o que los riñones sean riñones y no piel o músculo, porque todas las células del cuerpo llevan el código genético completo.
Teoría y biokinesis
Tras esta pseudoclase de biología, podemos sacar algunas conclusiones que nos ayudarán a entender mejor las prácticas biokinéticas y a conseguir mejores resultados.
¿Por qué algunos resultados se revierten al dejar de practicar? Por la correspondencia tan estricta entre sus bases nitrogenadas, el ADN es una molécula muy resistente al cambio. Lo que hacen en general las prácticas biokinéticas es provocar errores en la transcripción (de ADN a ARN) o en la traducción (de ARN a proteína) que modifican la proteína codificada. A largo plazo da buenos resultados, pero inestables. Este tipo de práctica es adecuada para proteínas como las hormonas, que se necesitan en un momento preciso.
¿Pueden ser peligrosos esos errores? En principio, no. El cuerpo es lo bastante listo como para desmontar una proteína que no le sirve y que le sienta mal (de hecho, ocurre con bastante frecuencia de forma natural), y con una o dos proteínas, para bien o para mal, no habrá cambios. El método es bastante seguro en todos los sentidos, aunque, como dije antes, los resultados no siempre duran.
Un abrazo,
Javier Sanjuán