Saludos. Aunque ya he escrito bastante sobre este libro, El Kybalión, sobre Hermes y sobre sus axiomas, quiero concentrar en este post lo más elemental de sus enseñanzas.
«Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.»
En esta obra invitamos a nuestros estudiantes a examinar las enseñanzas herméticas tal como fueron expuestas en El Kybalión, explicadas y ampliadas por nosotros, humildes estudiantes de las mismas que, aunque llevamos el título de iniciados, somos simples discípulos a los pies de Hermes, el Maestro. Transcribimos aquí muchas de las máximas y preceptos de El Kybalión, acompañados de explicaciones y comentarios que creemos que harán más comprensibles esas enseñanzas para los hombres modernos, sobre todo teniendo en cuenta que el texto original fue velado a propósito con términos oscuros y desconcertantes. Dice El Kybalión:
«Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par. Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlo con sabiduría.»
De manera que este libro solo atraerá la atención de los que están preparados para recibirlo y, a la inversa, cuando el estudiante esté preparado para recibir la verdad, el libro llegará a él. El principio hermético de causa y efecto, en su aspecto de «ley de atracción», llevará los oídos junto a los labios y el libro junto al discípulo.
Los siete principios herméticos
«Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par.» (El Kybalión)
Los siete principios sobre los que se basa toda la filosofía hermética son los siguientes.
1. El principio del mentalismo
«El TODO es Mente; el universo es mental.»
Este principio encierra la verdad de que todo es mente. Explica que el TODO, la realidad sustancial que se oculta detrás de todo lo que conocemos como «universo material», «fenómenos de la vida», «materia», «energía» y, en una palabra, de cuanto es sensible a nuestros sentidos materiales, es espíritu. Ese espíritu es en sí mismo incognoscible e indefinible, pero puede considerarse una mente infinita, universal y viviente. Explica también que el mundo fenomenal, el universo entero, es una creación mental del TODO, en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
Al establecer la naturaleza mental del universo, este principio explica con facilidad los fenómenos mentales y psíquicos que tanto han ocupado la atención del público, y que sin esa explicación resultan incomprensibles y desafían cualquier hipótesis científica. Comprenderlo permite al individuo conocer la ley que rige el universo mental y aplicarla a su bienestar y desarrollo. El estudiante de la filosofía hermética puede emplear conscientemente las grandes leyes mentales, en lugar de usarlas por casualidad o de ser usado por ellas. Con la clave maestra en su poder, el discípulo abre las puertas del templo del conocimiento mental y psíquico y entra en él con libertad e inteligencia.
Este principio explica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el porqué de que todas estén subordinadas al dominio de la mente. Uno de los antiguos Maestros escribió hace mucho tiempo: «El que comprenda la verdad de que el universo es mental está muy avanzado en el sendero del adepto». Y estas palabras son tan ciertas hoy como cuando se escribieron. Sin esta clave maestra el adepto es imposible, y el estudiante que no la posea llamará en vano a la puerta del Templo.
2. El principio de correspondencia
«Como arriba es abajo, como abajo es arriba.»
Este principio encierra la verdad de que siempre hay una correspondencia entre las leyes y los fenómenos de los distintos estados del ser y de la vida. A eso se refiere precisamente el antiquísimo axioma hermético, y comprenderlo da la clave para resolver muchos de los problemas y paradojas más oscuros de los secretos de la Naturaleza. Hay muchos planos que no conocemos, pero cuando les aplicamos la ley de correspondencia, buena parte de lo que de otro modo nos sería incomprensible se aclara ante nuestra conciencia. Es una ley universal, aplicable a los diversos planos del Cosmos, el mental, el material y el espiritual.
Los antiguos hermetistas lo consideraban uno de los más importantes auxiliares de la mente, porque con él se puede descorrer el velo que oculta lo desconocido. Su aplicación puede desgarrar un poco el Velo de Isis, lo bastante para que veamos, aunque sea de refilón, algunos rasgos de la diosa. Igual que el que comprende los principios de la geometría puede medir el diámetro, la órbita y el movimiento de las estrellas más lejanas sin moverse de su observatorio, el que conoce el principio de correspondencia puede razonar de lo conocido a lo desconocido: estudiando la mónada se llega a comprender al arcángel.
3. El principio de vibración
«Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.»
Este principio encierra la verdad de que todo está en movimiento y nada permanece inmóvil. La ciencia moderna lo confirma, y cada nuevo descubrimiento lo comprueba, a pesar de lo cual lo enunciaron hace cientos de años los Maestros del antiguo Egipto. Explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de la fuerza, de la mente e incluso del espíritu, que no son sino el resultado de distintos estados vibratorios.
Desde el TODO, que es puro espíritu, hasta la forma más grosera de materia, todo vibra, y cuanto más alta es la vibración, más elevada es su posición en la escala. La vibración del espíritu es de una intensidad tan infinita que puede considerarse en reposo, igual que una rueda que gira rapidísimamente parece que no se mueve. En el otro extremo hay formas de materia densísima cuya vibración es tan débil que también parece estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de millones de grados de intensidad vibratoria. Del corpúsculo y el electrón al átomo y la molécula, y de estos al astro y a los universos, todo está en vibración. Lo mismo vale para los planos de la energía o fuerza, que no es más que un determinado estado vibratorio, y para los planos mentales y espirituales.
Comprender este principio por completo permite al estudiante hermético controlar sus propias vibraciones mentales y las de los demás. Los Maestros lo emplean también para dominar los fenómenos naturales. «El que comprenda el principio vibratorio ha alcanzado el cetro del poder», dijo uno de los más antiguos escritores.
4. El principio de polaridad
«Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse.»
Este principio encierra la verdad de que todo es dual, de que todo tiene dos polos y su par de opuestos, afirmaciones que son otros tantos axiomas herméticos. Explica antiguas paradojas que han dejado perplejos a muchos investigadores y que decían literalmente: «La tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza y solo difieren en grado»; «los opuestos son idénticos en realidad y se diferencian en su gradación»; «los pares de opuestos pueden conciliarse, los extremos se tocan»; «todo es y no es al mismo tiempo»; «toda verdad no es sino media verdad».
En cada cosa hay dos polos, dos aspectos, y los «opuestos» no son en realidad sino los dos extremos de la misma cosa, con la diferencia de que entre ambos hay diversos grados. El calor y el frío, aunque opuestos, son la misma cosa. Mirad un termómetro e intentad averiguar dónde empieza el calor y dónde termina el frío. No existe el calor absoluto: ambos términos indican grados distintos de una misma cosa, y los opuestos en que esta se manifiesta no son más que los polos de lo que llamamos calor. Ahí actúa el principio de polaridad. Lo mismo ocurre con la luz y la oscuridad, que en el fondo son una sola cosa, y con la diferencia entre ambas puesta únicamente en el grado. ¿Dónde termina la oscuridad y dónde empieza la luz? ¿Cuál es la diferencia entre grande y pequeño? ¿Y entre duro y blando, entre blanco y negro, entre alto y bajo, entre positivo y negativo? El principio de polaridad explica esta paradoja.
Opera igual en el plano mental. Tomemos el amor y el odio, dos estados mentales aparentemente opuestos del todo. Entre ambos hay tantos grados que las palabras que usamos para designarlos, «agradable» y «desagradable», se confunden una con otra hasta el punto de que muchas veces no sabemos decir si una cosa nos causa placer o disgusto. No son más que gradaciones de una misma cosa, como comprenderéis sin más que meditarlo un poco. Y todavía hay más: es posible cambiar o transmutar las vibraciones de odio en vibraciones de amor, en la propia mente y en la de los demás, lo cual los hermetistas consideran lo más importante.
Muchos de los que leéis esto habréis vivido, en vosotros o en otros, la transición rápida e involuntaria del amor al odio y viceversa. Ahora comprenderéis que se puede hacer por medio de la voluntad, siguiendo las fórmulas herméticas. El «bien» y el «mal» no son sino los polos de una misma cosa, y el hermetista conoce el arte de transmutar el mal en bien aplicando con inteligencia el principio de polaridad. En una palabra, el arte de polarizar es una fase de la alquimia mental conocida y practicada por los antiguos y modernos Maestros herméticos. Comprenderlo bien permite cambiar la propia polaridad y la de los demás, si uno dedica el tiempo y el estudio necesarios para dominarlo.
5. El principio del ritmo
«Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.»
Este principio encierra la verdad de que todo se manifiesta en un movimiento de ida y vuelta, un flujo y reflujo, una oscilación de péndulo entre los dos polos que existen según el principio de polaridad, descrito hace un momento. Siempre hay una acción y una reacción, un avance y un retroceso, una ascensión y un descenso. Esta ley rige para todo: soles, mundos, animales, mente, energía, materia. Se manifiesta en la creación y en la destrucción de los mundos, en el progreso y en la decadencia de las naciones, en la vida, en todas las cosas y, por último, en los estados mentales del hombre, que es donde los hermetistas creen que el principio resulta más importante.
Los hermetistas descubrieron que era de aplicación universal y descubrieron también ciertos métodos para escapar a sus efectos mediante fórmulas y procedimientos apropiados. Para ello emplean la ley mental de neutralización. No pueden anular el principio ni impedir que opere, pero han aprendido a eludir sus efectos hasta cierto grado, que depende del dominio que se tenga de él. Saben usarlo en lugar de ser usados por él. En este y otros métodos parecidos consiste la ciencia hermética.
El Maestro se polariza en el punto donde desea quedarse y entonces neutraliza la oscilación rítmica del péndulo que tendería a arrastrarlo hacia el otro polo. Todos los que han alcanzado cierto dominio de sí mismos lo hacen hasta cierto punto, consciente o inconscientemente, pero el Maestro lo hace conscientemente, y solo con el poder de su voluntad alcanza una estabilidad y una firmeza mentales casi imposibles de concebir para esa inmensa muchedumbre que va y viene en continuo movimiento ondulatorio, impulsada por el principio del ritmo. Este y el de polaridad han sido estudiados con cuidado por los hermetistas, y los métodos para contrarrestarlos, neutralizarlos y emplearlos forman una de las partes más importantes de la alquimia mental hermética.
6. El principio de causa y efecto
«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se da a una ley no conocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley.»
Este principio encierra la verdad de que todo efecto tiene su causa y toda causa su efecto. Afirma que nada ocurre por casualidad y que todo sucede conforme a la Ley. La suerte es una palabra vana, y aunque existen muchos planos de causas y efectos, en los que los superiores dominan a los inferiores, ninguno escapa del todo a la Ley.
Los hermetistas conocen los medios y los métodos para ascender, hasta cierto grado, más allá del plano ordinario de causas y efectos, y al alcanzar mentalmente el plano superior se convierten en causas en lugar de ser efectos. Las muchedumbres se dejan llevar, arrastradas por el medio que las rodea o por los deseos y voluntades de otros, si estos son más fuertes que los suyos. La herencia, las sugestiones y otras muchas causas externas las empujan como autómatas por el gran escenario de la vida. Los Maestros, en cambio, una vez en el plano superior, dominan sus modalidades, su carácter, sus cualidades y sus poderes, así como el medio que los rodea, y se convierten en dirigentes en lugar de dirigidos. Ayudan a las masas y a los individuos a divertirse en el juego de la vida, en lugar de ser jugadores o autómatas movidos por voluntades ajenas. Utilizan el principio en vez de ser sus instrumentos. Obedecen a la causalidad de los planos superiores en que se encuentran, pero colaboran en regular y regir su propio plano. En esto queda condensado un conocimiento hermético valiosísimo, y deseamos que quien sepa leer entre líneas lo descubra.
7. El principio de generación
«La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos.»
Este principio encierra la verdad de que la generación se manifiesta en todo y de que los principios masculino y femenino están siempre en acción. Es cierto no solo en el plano físico, sino también en el mental y en el espiritual. En el mundo físico se manifiesta como «sexo», y en los planos superiores adopta formas más elevadas, pero el principio es siempre el mismo. Ninguna creación física, mental o espiritual es posible sin él. Comprenderlo aclara muchos de los problemas que tanto han confundido la mente de los hombres. Este principio creador obra siempre en el sentido de «generar», «regenerar» y «crear», y cada ser contiene en sí mismo los dos elementos que lo componen.
Si queréis conocer la filosofía de la creación, la generación y la regeneración mentales y espirituales, tenéis que estudiar este principio hermético, porque contiene la solución de muchos misterios de la vida. Os advertimos que nada tiene que ver con las teorías, enseñanzas y prácticas perniciosas y degradantes que se anuncian con títulos llamativos, y que no son más que una prostitución del gran principio natural de la generación. Son la resurrección de las antiguas doctrinas fálicas, que solo pueden llevar a la ruina de la mente, del alma y del cuerpo, y la filosofía hermética siempre ha alzado su voz contra esas licencias y perversiones de los principios naturales. Si lo que buscáis son esas enseñanzas, tendréis que ir a otra parte, porque el hermetismo no contiene nada sobre ellas. Para el puro todas las cosas son puras; para el ruin todas son ruines.
Tomado de El Kybalión (por Tres Iniciados).