Los chacras: aspectos básicos en el plano físico

El ser humano cuenta con siete puntos energéticos básicos, y a través de ellos recibimos la energía que da al cuerpo físico la «fuerza» para pasearse por este plano y que provoca las distintas facetas de nuestra salud y de nuestro día a día. Estos puntos tienen muchas más implicaciones, pero en este post solo voy a nadar por la superficie y a hablar de lo que suponen en el plano físico; tiempo habrá de bucear más a fondo.

Han recibido nombres distintos según las culturas y las épocas. La referencia esotérica más citada los llama chacras, por la influencia orientalista de los últimos siglos, y desde la ciencia se los relaciona con las glándulas endocrinas. También podemos llamarlos, sin más, los siete puntos energéticos principales del ser humano.

Su alimentación energética tiene que estar compensada con la respiración, la comida y el sueño, que son los pilares que mantienen a cualquier ser vivo. Pero lo más importante, como siempre os digo, es tratarlos de la forma correcta, y eso es muy simple: todos tenemos experiencias en el día a día, unas buenas y otras no tanto, y para estos puntos lo que cuenta no es la experiencia en sí, sino cómo la interpretemos. Aquí, como en todo, lo que importa es la actitud ante lo que nos sucede. Una persona que no se quiere a sí misma, con la autoestima baja, posiblemente tendrá el chacra del corazón obstruido, bloqueado o funcionando mal. Más adelante veremos cómo desbloquearlo «mágicamente», pero de momento basta con subir tu nivel de autoestima (con audios, con libros o leyéndome a mí, jeje) para conseguirlo y, sobre todo, para prevenir «errores» en su funcionamiento.

Pasemos a describirlos, como decía, de forma muy superficial y con palabras «sencillitas».

Primer chacra

Es el chacra básico o fundamental, y está en la base del espinazo, unos cuatro dedos por debajo del ombligo. Es el centro de la energía mayor, la Kundalini o «fuego serpentino», pero eso es otra historia que contaré en otro momento. Se le llama también chacra del sacro o del cóccix, y es el punto energético de la reproducción, la generación y el sexo, donde se concentran nuestras ganas de vivir y de existir, de disfrutar, de sufrir, de trascender, de permanecer y de perpetuarnos, ya sea a través de nosotros mismos, de nuestros hijos o de nuestras obras. Es el punto más bajo del cuerpo, pero por su sentido de trascendencia espiritual está conectado con el más alto, la coronilla.

Cada uno de estos puntos, como ya he señalado, incide en nuestra salud al regular las funciones orgánicas y, con ellas, nuestros sentidos, lo que emitimos y percibimos en la relación con el universo que nos rodea, tanto de forma subjetiva como objetiva, y nuestra manera de interactuar con el mundo. Porque a partir del funcionamiento de estos centros el ser humano va fraguando su futuro día a día, y provoca una serie de causas que inexorablemente lo llevarán a unos efectos.

Segundo chacra

Es el chacra esplénico, a la altura del bazo, cerca del ombligo, y se llama también del estómago. Es el punto energético de los sistemas alimenticio e inmunológico, porque en esta zona se concentran todos nuestros apetitos, y también el de las emociones que nos dan sentido de atracción o rechazo ante lo que emitimos y recibimos. Es el regulador de las sensibilidades. Se parece mucho al quinto, porque también depende de las percepciones que «creemos» que vienen de fuera hacia dentro (recordad que no nos afecta lo que nos dicen o hacen, sino lo que creemos que nos dicen o hacen).

Quienes más sufren en este chacra tienen trastornos estomacales constantes, como acidez, y el motivo es simple: su «adicción» a pensar DEMASIADO. Pensar, como cualquier «vicio», está bien, pero en exceso bloquea este punto. Podríamos llamarlo el chacra de las pre-ocupaciones: si te preocupas demasiado, se trastorna y sufres las consecuencias. ¿Cómo evitarlo? Creo que la pregunta se responde sola: pensando menos y, sobre todo, no pre-ocupándote de las cosas, sino ocupándote de ellas.

Tercer chacra

Es el chacra umbilical, y está en el plexo solar. Se le llama también del ombligo, aunque digo mal llamado, porque su localización está a unos ocho dedos del ombligo hacia arriba. Es el punto de la asimilación y la depuración, donde se concentran nuestra valentía o nuestro temor ante la vida, la dependencia y la independencia, el sentido del riesgo y los instintos básicos de supervivencia ante los peligros, tanto subjetivos como objetivos. Funciona también como punto de alarma y de regulación, prepara al organismo ante la sorpresa de lo desconocido y transmite sus sensaciones a los músculos del estómago y del pecho. O sea, es el controlador del miedo.

El miedo es una emoción imprescindible, sin la cual no habríamos evolucionado como especie, porque es nuestro instinto de supervivencia, pero los miedos injustificados y los que se convierten en fobias bloquean este punto. Para liberarlo sin magia, otra vez es sencillo: ¡¡¡déjate fluir!!! Piensa que nada malo te va a pasar, porque cuando pase algo estarás preparado para actuar. Y si estás leyendo esto, es evidente que te estás preparando y adquiriendo conocimientos y herramientas para afrontar los retos de la vida.

Cuarto chacra

Es el chacra del corazón, y está sobre el corazón. Recordad que el corazón no está encima del pezón izquierdo, sino ligeramente ladeado hacia el centro del cuerpo (mirad la imagen del post anterior). Se llama también del pecho, y es el punto energético de la personalidad, la vitalidad, la actividad, la experiencia y la aspiración. Aquí se moderan las sensaciones y se impulsan las ambiciones personales, porque en esta zona descansa el ego, el yo. Rige además el ritmo de las emisiones orgánicas y personales: el movimiento cardiaco, el ritmo de la expresión y el carácter. La fuerza o la debilidad con que se manifiestan los demás puntos depende en buena medida de cómo se manifieste este punto pectoral.

Una aclaración importante: cuando algo nos afecta decimos, en plan romántico, «me has roto el corazón», ¡¡¡ERROR!!! Este chacra no percibe ningún estímulo de fuera, se ocupa exclusivamente de las emociones y de las sensaciones que tenemos de nosotros mismos. Aquí no influye cómo nos vean ni qué nos hagan los demás, solo lo que nosotros creemos de nosotros mismos. Es, como decía al principio, nuestra autoestima y nuestra autodisciplina.

Quinto chacra

Es el chacra de la laringe, y está en la garganta. Es el punto del habla y del oído que nos conecta con el mundo exterior; domina las acciones y reacciones del organismo y su capacidad de asimilación. Sus interpretaciones son tan subjetivas como objetivas, porque si la frente emite y recibe la información perceptiva, es la garganta la que ordena y codifica esa información; en otras palabras, se encarga de que entendamos y hagamos entender los mensajes. Además, en la garganta se reparte la capacidad de actividad de la persona, que se vuelve hipoactiva cuando hay exceso de carga magnética e hiperactiva cuando hay exceso de carga eléctrica.

Si no nos hubieran hecho tanto daño las películas de EE. UU., deberíamos decir, cuando alguien nos hace daño, «¡me ha roto la garganta!», y no el corazón. Ojo, que también ocurre a la inversa: cuando hablamos de más, o nos tragamos cosas que sería mejor decir, este chacra también se bloquea. La solución es decir lo que pensáis sin paños calientes y sin historias, y «filtrar» mucho la información que os llega del exterior.

Sexto chacra

Es el chacra frontal, y está en el tercer ojo, el entrecejo. Se llama también de la frente, y es el punto de la inteligencia, la memoria, la creación y la visualización. Recibe y emite información que pasa desapercibida a nuestros sentidos normales, abre canales de conexión internos, busca fuentes de contacto externas y amplía la percepción física y espiritual, además de mantener un estrecho contacto con el desarrollo sensitivo y el crecimiento del propio organismo.

Aquí ocurre algo que nos habrá pasado a todos: el dolor de cabeza. Es evidente que puede tener muchas causas, pero hablando de este chacra sucede que, cuando no queremos «ver» algo, o lo que vemos nos hace sentirnos culpables, se bloquea y nos provoca esos dolores. ¿La solución? Un volátil, jeje. No, ahora en serio, la solución es preguntarte de qué te sientes culpable o qué no estás queriendo ver, y encontrar la respuesta; al dar con ella, el dolor de cabeza debería desaparecer.

Séptimo chacra

Es el chacra coronario, y está encima de la cabeza. Se llama también de la coronilla, y es el punto más elevado, el que se refiere a todo lo espiritual que hay en el hombre: el centro receptor y emisor de las ideas elevadas, de la razón, de la supervivencia y de la trascendencia de la vida y la muerte, tanto en el sentido físico como en el metafísico. Es el que está más cerca del hombre/dios.

Las implicaciones en el plano físico, que es el que trato en este post, son sencillas. Si tenemos este punto bloqueado no recibimos la energía de la fuente (Dios), así que nuestras únicas fuentes serán las habituales (respirar, comer y dormir), que resultan insuficientes, y tendremos que recurrir a lo que llamamos farsas de control, o sea, robarles la energía a los demás. Cómo se hace y cómo se soluciona lo contaré en otros posts, aunque ya lo he tratado en el foro alguna vez. Si lo tenemos mal, la sensación será de cansancio, irritabilidad, etc.

Hasta aquí la «clase» de hoy. Recordad que solo hemos andado por la superficie: hemos visto por encima estos puntos y sus implicaciones en la vida diaria del común de los mortales, y de cómo afectan energéticamente y de sus aspectos metafísicos hablaremos más adelante. Espero que no os haya resultado demasiado denso, porque mi intención era todo lo contrario, aunque tampoco quiero parecer simple. Busco un término medio entre la pedantería de mis «colegas» magos y una charla en una cafetería con mis amigos. Lo dicho, seguimos bajando por la madriguera del conejo y pronto continuaremos, aunque no sé si lo haré en abierto o si hará falta una implicación directa de la gente realmente interesada. Ya veremos.

PD: toda esta información está «sacada» de mi propio viaje por este universo mágico. Como sabéis, llevo más de veinte años caminando esta senda, y he dado multitud de rodeos y vueltas tontas para llegar a este punto. No me creo en posesión de ninguna verdad absoluta: lo que os transmito es lo que YO, AHORA, creo. Soy sincero en mis palabras, pero puedo estar sinceramente equivocado. No soy maestro de nada; como decía Sócrates, solo sé que no sé nada. Así que coged mi información con pinzas, llevadla a vuestra vida, sed pragmáticos y sacad vuestras propias conclusiones, y por favor, si después de experimentar mis teorías y ver los resultados encontráis algún error, decídmelo, que yo haré lo mismo, porque a fin de cuentas todos vamos en el mismo sentido y hacia el mismo sitio. Y si alguna de mis frases se parece a algo que alguien haya escrito en un libro, no ha sido con maldad, pero ya sabéis que la memoria retiene lo que le interesa.

Si os ha gustado mi explicación, difundidla y hacedla vuestra si queréis: mis conocimientos no tienen derechos de autor, así que, mis queridos «amigos», plagiadme cuanto más mejor, que al menos tendréis algo interesante que hacer leer a vuestros lectores (hablo a mi «competencia» en el mundo de la magia, no a ti, buena gente que me lees, jejeje).

Un abrazo.

Javier Sanjuán.

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