MOTIVOS COMUNES POR LOS QUE SE ROMPE UNA PAREJA

por que hay rupturas en parejas

Saludos, este es uno de esos posts dedicado especialmente a las personas que me han llamado en las últimas semanas. Yo creo que si al menos a alguien le sirve… a fin de cuentas es la opinión de un especialista en parejas, no del amigo con el que vemos el fútbol o de la amiga con la que vas a tomar el café.

Es largo, pero os prometo que me dejo muchas cosas y he intentado hacerlo ameno. ¡¡¡Y qué coño!!! Se trata de salvar o tener buenas relaciones de pareja y no tener que llorar por las esquinas, ir a Tinder o llamarme a mí… vosotros veréis.

Hemos hablado muchas veces de cuáles son los motivos de la ruptura en una pareja, y si bien es imposible generalizar, quiero hacer un compendio de los más habituales para que podamos tomar las medidas oportunas. Por un lado, si aún no estáis separados, intentar conseguir no hacerlo; y por otra parte, para los que sí estáis separados y estáis en proceso de recuperarla, cuando lo hagáis, que todo fluya mejor.

Los que estáis en un trabajo conmigo sabéis que yo os informo de cuál es vuestro "problema" y cuál es la estrategia a seguir. Como también sabéis, el trabajo mágico os puede hacer retornar a vuestro amor, pero si contáis con que el trabajo hará lo que vosotros deberíais hacer una vez juntos de nuevo, no vais bien encaminados. El trabajo puede retornar a la pareja, y luego con mi ayuda podemos perfilar la relación para que sea buena y, sobre todo, mejor de lo que lo era. Pero vuestro esfuerzo es fundamental. Como siempre os digo, la finalidad de la magia de luz blanca es buscar la felicidad de los otros, y si vosotros no conseguís hacer feliz a vuestra pareja, el trabajo y por ende vuestra relación correrán peligro de nuevo.

Veamos pues los más habituales. Pido por favor que nadie se sienta identificado con mis palabras; lo que expongo no está basado en estadísticas sociológicas ni en un caso en concreto, sino en mis más de 30 años de experiencia en este campo. También es posible que haya otras causas para que dos personas se separen, pero solo citaré las más habituales.

1. La Rutina

Es el enemigo de cualquier relación, sobre todo las duraderas. Todos lo sabemos y lo hemos escuchado. Las parejas de hoy casi no perduran y el promedio de divorcios o separaciones va siempre en aumento. ¿Por qué antes no sucedía esto? Bueno, es obvio que en primer lugar porque no se podía: no era legal ni tampoco era aceptado por las familias. Hoy en día, al menos en España, esto es solo un mal recuerdo.

También he comprobado que las parejas pasan más tiempo juntas, más del que querrían. Este es el "quid" de la cuestión. Imaginemos a Pepe y a María: no tienen hijos, los dos trabajan 8 horas de lunes a viernes. Llegan a casa y en su mente está la idea de que deben pasar tiempo juntos. Llega el fin de semana y siguen con la misma idea:

— Una pareja ha de hacerlo todo junto…

Craso error, amigos. Si a Pepe le apetece ir a jugar al fútbol, ir a pasear o juntarse con los amigos —lo que sea— pero en cambio se queda con su pareja por lo dicho antes, lo que va a suceder es que Pepe estará físicamente con María, pero no mental ni emocionalmente. María, consciente de esto o no, no sabe qué sucede, pero sí sabe que Pepe está ausente. Y a la larga, su única impresión será que él la ignora. Pepe, en cambio, pensará que lo está dando todo por María, que ha dejado de lado cosas para estar con ella. Y entrarán en una espiral que no le interesa a ninguno de los dos.

La solución, creo que ya la habéis deducido: una pareja debe hacer cosas en conjunto, pero ambos deben tener una vida más allá de la pareja. Y si hoy no me apetece compartir esto o lo otro con mi pareja, pues no lo hago, se lo explico y estoy donde realmente quiero estar. No me como la cabeza pensando que no estoy siendo buen marido o buena esposa, porque no tiene nada que ver; todo lo contrario.

Podríamos resumir la solución diciendo: debéis estar donde esté la mayor parte de vuestra mente.

Ese tiempo "no productivo" que estamos sin querer estar se vuelve aburrido y repetitivo. Actuamos de forma automática en todos los niveles y, por ende, la monotonía y el aburrimiento se apoderan de la relación, haciendo responsable a nuestra pareja de nuestra propia infelicidad.

Cuando hay niños, esto aún se hace más pronunciado, porque hay aún menos tiempo para uno mismo. Pero no me malinterpretéis: hay que pasar tiempo, todo el que de verdad queramos pasar, pero sin olvidar nuestra propia vida como individuos independientes.

2. La Inexperiencia y la Inmadurez

Cuanto más joven es la pareja que se une, menos posibilidades tiene de mantenerse unida. Esto es porque generalmente la decisión de convivir se ha tomado a la ligera o sin contar con la madurez suficiente para adquirir un verdadero compromiso, aunque claro, siempre hay casos que sorprenden.

Relacionado con lo anterior está la madurez, que a veces no depende de la edad sino de la preparación emocional y mental que tenga la persona para vivir en pareja. Muchas veces, el que no posee la madurez suficiente se comporta de forma infantil, reacciona con caprichos, es inconstante e inseguro —con celos—, y además se crea unas expectativas que nadie va a poder cumplir.

La solución vuelve a ser el diálogo: tanto el interno, para saber qué podemos ofrecer y qué queremos recibir, y si esa persona nos lo puede dar y está dispuesta a recibirlo; como el externo, para saber si lo que esa persona demanda está o no a nuestro alcance.

3. El Egoísmo

Las personas egoístas, incapaces de pensar en las necesidades de los demás, terminan por acabar con sus relaciones. Esto es muy fácil de comprender y, complementándolo con el punto sobre la rutina, podríamos usar una frase muy conocida:

"La libertad de uno termina donde empieza la del otro."

Para que una relación no termine por "apagarse", se debe retroalimentar: la energía debe fluir en ambas direcciones. Se me ocurre otra frase: "Compartir no es solo dar."

Si no hay un "toma y daca" equitativo, al final el que más da acabará cansándose y bajará la intensidad de lo que ofrecía en la relación, o terminará por no ofrecer nada. Inmediatamente, la otra persona puede reaccionar de dos formas: reconociendo que no ha dado lo justo y esforzándose en hacerlo, o —lo más habitual— demandando lo que cree que por derecho le corresponde. Pensará que su pareja ha cambiado y que ya no la quiere igual, cuando la realidad es otra muy distinta.

4. La Falta de Comunicación

La falta de comunicación, de confianza y de respeto es otro gran causante de las rupturas, pues el amor no se puede sostener si no están estos ingredientes presentes. Es necesario fomentar la transmisión de ideas, sentimientos y emociones para que pueda generarse un clima de intimidad donde el amor pueda crecer.

Aquí nos encontramos con una mezcla de todo lo dicho antes: si nuestra pareja es inmadura, la comunicación no será efectiva porque no lo entenderá. Si somos nosotros los inmaduros, no sabremos transmitir a nuestra pareja qué nos sucede, y por ende tampoco nos entenderá.

5. La Sinceridad

Si nuestra pareja nos molesta mucho o tiene alguna característica que nos resulta imposible de tolerar, debes saber que no puedes engañarte: la gente no cambia a pedido de los otros ni para complacer a los demás. No lo hace conscientemente; va cambiando conforme a la experiencia que vaya adquiriendo.

Por ello, la sinceridad es muy importante. Debemos ser lo más honestos que podamos para que nuestra pareja no se lleve sorpresas y nos quiera tal como somos. Si no, la decepción llega, y esa es otra de las causas más comunes de ruptura.

Pero es importante saber que la gente no suele cambiar fácilmente, y muchas veces queremos provocar ese cambio demasiado rápido. Lo único que conseguimos con eso es exacerbar a nuestra pareja y enfadarnos más nosotros mismos. Recuerda: en la mayoría de ocasiones no estás descubriendo nada nuevo. Esa persona ya era así cuando la conociste.

6. El Sexo

Este es un punto que muchas parejas no tienen en cuenta, y es uno de los pilares más importantes en una relación. Casi nadie admitirá que el sexo ha sido el detonante, y no lo hará por ese miedo absurdo e irracional a no explicarle a la pareja que en ese aspecto no está satisfecho.

El sexo debe ser COMO DECIDÁIS QUE SEA, y lo pongo en mayúsculas porque SE DEBE DECIDIR, y para eso SE DEBE HABLAR CON LIBERTAD. Esto significa que tú y tu pareja sepáis que no lo sabéis todo, que estéis abiertos a aprender, a transmitir lo que os gusta o LO QUE OS GUSTARÍA, y sobre todo que estéis abiertos a ESCUCHAR, desde la humildad y el amor romántico —esto significa escuchar sin sentiros atacados. ¿Por qué os iba a atacar la persona que os ama?

No hay un número de veces correcto, ni unos días concretos, ni se puede forzar nada. El deseo ha de existir, se ha de notar, y no se mide por el número de veces ni por la calidad de las mismas. Se mide como se mide el amor de tu pareja: no por las veces que te lo repite, sino por las veces que lo piensa y tú lo percibes.

No me valen excusas, NINGUNA. Ni el tiempo de relación, ni lo cansados que estéis, ni los problemas que tengáis. Todo eso puede influir en la práctica del sexo, pero si aun con todos los problemas del mundo veis pasar a vuestra pareja por delante y no pensáis en tener sexo con ella, algo está fallando. Y ese punto, si queréis, SE PUEDE SOLUCIONAR HABLANDO, o como os digo siempre, me tendréis que llamar cuando rompáis o cuando os sean infieles.

La pareja se debe fundamentar en tres puntos: el "te amo" —ese sentimiento irracional que no sabes explicar—, el "te quiero" —esa sensación de bienestar cuando estás con el otro— y el deseo —ese sentimiento de querer estar íntimamente con alguien—. En una relación sólida y estable se deben dar los tres. Si alguno falla, la relación estará condenada al fracaso o a la resignación.

7. La Infidelidad

Cuando escuchamos la palabra infidelidad todos pensamos en una relación sexual o emocional con otra persona. Y si bien es lo más frecuente y no necesita explicación, no hay que limitarse al significado literal de la palabra.

Entendamos in-fiel como el quebrantamiento de un pacto, de un juramento, de una promesa. Así pues, uno de los dos puede ser infiel al otro, por ejemplo, con los amigos. Decía un amigo mío: "¡¡¡Cuánto daño ha hecho Sexo en Nueva York!!!" Muchas personas no se dan cuenta de que al unirse a otra, esa persona pasa a ser su prioridad, y que los amigos pasan —o deberían pasar— a un segundo plano. Claro que es bueno tener amistades, ¡¡pero amistades!! No esos colegas o parásitos con los que te ibas de fiesta, a ligar o a hacer cosas que ahora, estando en pareja, ya no puedes hacer ¡¡porque lo prometiste!! E incluso esos poquísimos amigos de verdad, si lo son, no les costará aceptar que ahora están relegados a un segundo plano.

También se puede ser infiel con el alcohol o con cualquier otra sustancia que altere vuestra consciencia y vuestro comportamiento, siempre que ese consumo haga que no estés comprometido con la relación y que al tomarla abandones de alguna manera a tu pareja.

Y también se puede ser infiel con uno mismo: cuando te dedicas más tiempo a ti y a tus hobbies en solitario que a compartir momentos con tu pareja. Cada uno debe tener su espacio, sí, pero en todo lo relativo a la fidelidad se podría aplicar siempre esta máxima: "Tu libertad termina donde empieza la del otro."

Al final, mis queridos amigos, ser infiel es faltar a la palabra dada. Hoy en día hay muchos tipos de relaciones y todas son válidas. Cada pareja debe marcar sus límites, hacer sus votos, tener claro qué va a entregar en esa relación ¡¡¡Y HACERLO!!! ¿Queréis dedicarle mucho tiempo a vuestros amigos? Estableced ese punto antes de comprometeros. ¿Os gusta emborracharos hasta perder el control? Estableced ese punto antes de comprometeros. ¿Queréis disponer de horas al día solo para vosotros? Estableced ese punto antes de COM-prometeros.

En resumen: ¿qué es ser infiel? A mi entender, la palabra que mejor lo define es MENTIR. Y cuando mientes a tu pareja, esta perderá la confianza en ti, y la confianza es algo casi imposible de recuperar una vez se ha perdido.

8. La Inseguridad y los Celos

El punto anterior me lleva directamente a este. Mucha gente ha vivido relaciones en las que ha mentido o le han mentido, y estas situaciones crean en nosotros unos nudos energéticos que nos condicionarán en nuestras relaciones futuras. Con los trabajos mágicos se pueden deshacer esos nudos, pero para lo que nos ocupa no profundizaré en ello.

Cuando nosotros o nuestra pareja es insegura o celosa, está constantemente en un estado de susceptibilidad donde cualquier cosa, detalle o palabra va a ser malentendida, malinterpretada, y su reacción va a ser desproporcionada y totalmente fuera de lugar. Una persona en ese estado no razona ni atiende a razones; todo lo verá bajo su prisma distorsionado. Esto generará en la pareja continuas discusiones, y el otro miembro se sentirá constantemente cuestionado, interrogado y humillado, porque esa falta de confianza que su pareja tiene en él —y que él no ha provocado— le obligará a justificar hasta los más absurdos actos, palabras y tiempos.

Hay un refrán que dice: "El ladrón cree que todos son de su misma condición." Esto se aplica en ambas direcciones. El celoso puede serlo por dos razones: o porque haya sido infiel a alguna de sus parejas y piense que todo el mundo es infiel, o porque le hayan sido infiel y piense que todos le van a hacer lo mismo. Y lo mismo ocurre con el otro miembro de la relación: el que no es inseguro ni celoso no entiende por qué se duda de él ni por qué se cuestionan sus palabras.

En este tipo de relaciones, si no se corrige a tiempo, solo pueden pasar dos cosas: que el celoso acabe dejando esa relación porque no es capaz de racionalizar sus absurdos celos —lo cual le conducirá a otras relaciones en las que siempre le pasará lo mismo: celos-ruptura, celos-ruptura, porque el problema no está fuera de él sino dentro—; o que el que se siente presionado deje esa relación, porque nadie puede vivir siempre justificando sus actos ni tolerando que se cuestione todo lo que hace.

¿Qué papel juega la magia en todo esto?

Dicho todo esto, la pregunta es evidente. Lo primero es que una vez separados o distanciados, muchas veces nuestra pareja no nos da la oportunidad de mostrarle —no confundir con demostrarle— que hemos aprendido qué es tener una relación sana. Aquí es donde entro yo: en daros esa segunda oportunidad que, sin magia, quizás sería imposible.

Y segundo, los que me conocéis y trabajáis conmigo sabéis que os voy a acompañar en el proceso: tanto antes, como durante, como después, si así lo queréis y lo pedís. Mi experiencia en este campo, a veces, es vital.

Para Terminar

Tener y, sobre todo, mantener una relación de pareja es algo complejo, pero si la pereza y la desidia no os vencen, puede ser maravilloso. Prepararse en el proceso hasta conseguir recuperar a vuestro amado o amada es fundamental, y para eso estamos aquí.

Aquí no están todos los motivos, pero sí los que yo más me encuentro en mi trabajo diario.

Y por último, quiero deciros que NINGUNO de vosotros es CULPABLE de estar en esta situación. Pero arriesgándome a que no os caiga bien, diré que, si bien no sois los culpables, sí que TODOS SOIS RESPONSABLES: tanto de haber llegado a esta situación como de, ahora, ponerle solución.

Cuando hablo de culpa, me refiero a ser el causante directo del problema. Cuando hablo de responsabilidad, hablo de que nosotros somos —o deberíamos ser— los causantes de todos los efectos que suceden en nuestra vida. Cuando una pareja se separa, puede que uno tenga la culpa, pero AMBOS tienen la responsabilidad.

A los que habéis llegado hasta aquí, deciros que estáis en el camino de recuperar a vuestro ser amado. Pero no solo con teorías se consigue, así que deja de leer y ponte en marcha.

Un abrazo.

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