No has fracasado en el amor.

Solo te has dado cuenta de que aún no has hecho lo suficiente.

¿Es este el momento de luchar por recuperarla, o el de resignarte y dejar que se vaya del todo? Porque no se me ocurre otro momento que este. ¿A ti sí? Si tu plan es esperar a mañana, o a la semana que viene, o a "ver cómo van las cosas", ya te adelanto el final: acabarás llorando por lo que pudiste hacer y no hiciste, cuando ya ni haya remedio ni ella quiera saber nada de ti.

El único momento que existe para recuperar a quien quieres es este. Ahora.

Y ya de entrada, deja de quejarte. ¿De verdad te ha servido de algo lamentarte por los rincones? ¿Ha vuelto ella por arte de magia mientras tú te compadecías? Lo único que consigues quejándote es meterte en una vibración de mierda desde la que interpretas cada mensaje suyo, cada silencio, cada gesto, de la peor manera posible. Y desde ahí solo caes en picado.

Además, ¿de qué te quejas exactamente? Esa relación, cómo terminó y lo que hiciste o dejaste de hacer, ha sido decisión tuya, siempre. Si te equivocaste, responsabilízate y échale agallas, coño, que todavía estás a tiempo de arreglarlo. Si al leerme se te ha puesto la piel de gallina, es que todavía te importa. Muévete.

No te quedes ahí, culpándote sin actuar, ni tampoco hagas de víctima. Responsabilízate y toma acción, que es lo único que de verdad puede traerla de vuelta.

Y aquí quiero decirte algo que casi nadie se atreve a aceptar: el fracaso en el amor no existe. Es una etiqueta que se inventaron los que se rinden a la primera negativa. En la ciencia no hay fracasos, solo datos, y recuperar a alguien se parece mucho más a un experimento que a un cuento de hadas. Si le escribes y no contesta, si intentas acercarte y te aparta, no has fracasado: acabas de descubrir una manera más de no conseguirlo, y eso también sirve.

El problema de la mayoría es que ata su ego al resultado inmediato. Si ella no responde como esperaban, se hunden, se arrastran y necesitan que alguien les diga que "al menos lo intentaron". Da vergüenza ajena. A los sentimientos de tu ex le importa bien poco tu autoestima. Las relaciones, como todo lo demás, tienden al desorden si no se trabajan; que algo funcione a la primera es más casualidad que otra cosa. Lo normal es que haga falta insistir, corregir, volver a intentarlo.

La diferencia entre quien recupera a la persona que ama y quien la pierde para siempre es que el primero procesa cada error, corrige lo que tenga que corregir y vuelve a intentarlo sin quedarse llorando por el camino. Ese es el precio que hay que pagar para volver a tenerla.

Los obstáculos que te vas a encontrar —su desconfianza, su rabia, el tiempo que necesita, lo que le hiciste o lo que te hizo— te construyen si sabes mirarlos de frente. Nadie es perfecto, ni tú ni ella, así que no busques la relación perfecta: lucha por ser mejor de lo que eras cuando la perdiste. Hazlo primero por ti, y en segundo lugar porque, si lo consigues, ella también lo notará.

El verdadero triunfo, en el amor, nace de reconocer el error que os separó. Y reconocerlo significa asumirlo de verdad, pedirle perdón si toca, de corazón, y sobre todo perdonarte a ti. Perdónate, pero sin autocomplacencia: exígete y mejora. Deja de repetirte que no vales para las relaciones o que ya la has perdido para siempre. Estás en proceso, y esa idea tiene que empujarte a seguir, no a rendirte.

Y hablando de seguir: la disciplina, aquí, es no dejar de trabajar en ti mismo y en la reconquista aunque no tengas ganas ese día. A partir de ahora sé firme en lo que sientes por ella y constante en lo que haces para recuperarla. Ten fe, sobre todo en ti mismo. Y no lo olvides: si haces este camino con humor, en vez de con cara de funeral, todo sale mejor, incluida la impresión que le das a ella cuando os volváis a ver.

Eso sí, ten paciencia. Nada en el amor se recupera de golpe. Lo que se rompió os llevó su tiempo, así que no esperes que por leerme hoy y escribirle mañana todo cambie de la noche a la mañana. Nada va a cambiar solo, salvo tu actitud, si de verdad estás dispuesto a cambiarla.

Leerme será solo el primero de los cientos de pasos que te quedan por dar para recuperarla. Lo que es tuyo llegará cuando toque, pero no solo: lo único que cae del cielo es la lluvia, y hasta la comida a domicilio hay que pedirla antes de que llegue. Así que ve y trabaja por ella.

Créete merecedor de recuperar ese amor. Mucha gente no lo hace: piensa que como se equivocó una vez, ya no merece una segunda oportunidad, y tiene razón, porque si no cambia, no la tendrá. Pero cambia. Haz lo que tengas que hacer para merecértela, no lo que te digan los amigos que solo saben decirte que la olvides.

Y no te quedes anclado en el pasado. No hurgues en la herida de la ruptura una y otra vez, no le des vueltas a los reproches. Lo que pasó, pasó. Mira hacia delante: para atrás, ni para coger impulso al escribirle el próximo mensaje.

Construye, desde ahora, la versión de ti que quieres ofrecerle si vuelve. Haz como el sol, que sale cada mañana sin acordarse de la noche anterior. Si se presenta la ocasión de enmendar algo de lo que pasó entre vosotros, hazlo sin dilación, pero sin precipitarte tampoco: recuperar a alguien no es un sprint.

Mira la meta —volver a estar con ella—, no lo difícil que parece. Sé sincero: si otros han recuperado relaciones que parecían muertas, no es imposible. No existen los imposibles, solo la gente que deja de intentarlo. ¿Eres tú de esos? Porque la única minusvalía real, aquí, es el miedo: miedo a que te vuelva a rechazar y miedo a que, si vuelve, la cagues otra vez. Lo demás son solo obstáculos.

No pierdas el tiempo esperando que ella cambie por ti. Cambia tú, que es lo único que está en tu mano. Ella no va a volver porque tú se lo pidas ni porque te vea sufrir; solo vuelve quien de verdad quiere, y solo si le das motivos reales.

En mi trabajo como mago, especializado precisamente en esto, hay quien me dice que soy caro. Y no es que no tengan el dinero: es que les parece demasiado invertir en recuperar al amor de su vida. ¿Y sabes qué? Me da igual si después de decir eso quieren contratarme o no, porque yo ya no cojo el caso. Me parece un insulto al amor y a quien de verdad está dispuesto a luchar por él.

Y sí, hay quien de verdad no tiene el dinero ni manera de conseguirlo. He visto a gente sacrificar necesidades básicas, con sueldos de risa, para poder pagarme y recuperar a quien amaban, y he visto a otros, con sueldos que triplican el español, no arriesgar nada. Pero eso no significa que sea mucho invertir en recuperar tu felicidad, tu amor, tu vida. ¿Cuánto vale para ti esa persona?

En el momento en que te parece demasiado lo que hay que hacer para recuperarla, es que todavía no la mereces de vuelta. Así que no te preguntes por qué no está contigo, por qué te dejó, por qué no responde. Pregúntate más bien por qué iba a volver, qué le estás ofreciendo distinto de lo que ya vivió contigo, si te sigue pareciendo demasiado esfuerzo.

Si haces bien las cosas, no sufras por adelantado por si vuelve o no. Cada día trae sus propias señales, y siempre habrá nuevos obstáculos —su familia, sus amigas, su orgullo, el tuyo— cada vez más complejos a medida que avances. Si esperabas que esto se pusiera más fácil con el tiempo, vas listo: estás al principio, y solo tú decides si sigues o te rindes aquí.

¿Por qué otros consiguen que su ex vuelva y tú no? Ya lo sabes. La pregunta de verdad es si vas a responsabilizarte y actuar, o si vas a seguir llorando por los rincones y envidiando a los que sí lo consiguen.

Y aun así, aunque a veces sientas que ella no te va a dar otra oportunidad, aunque te den ganas de mandarlo todo a la mierda, aunque la tristeza te gane alguna noche, no dejes que se te note por fuera lo roto que estás por dentro. Reparte la alegría que aún te queda. Que sea contagiosa, que sirva para que quien te vea no note solo al que perdió a su pareja, sino al que está reconstruyéndose para recuperarla. Si tienes luz dentro y la dejas salir, ella también la verá, aunque tarde en reconocerlo. Lo que haga con eso ya es cosa suya: tú solo enséñale quién puedes volver a ser.

Y como siempre, te espero en la Ciudad Esmeralda, si te atreves a llegar hasta aquí y a hacer lo que haga falta para recuperar a quien amas.

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Muévete que no eres un puto árbol