Os vuelvo a dejar por aquí un post muy completo sobre las velas: qué color corresponde a cada día, para qué sirve cada uno, qué santos se asocian a ellos y bastante más.
Las velas según el día de la semana
Lunes: vela blanca. El blanco es el segundo color de los cirios y está unido a la Luna, y con ella a la creatividad y a la fertilidad. Se considera un color sobre todo femenino, aunque también actúa sobre los hombres, y es el que se emplea para los trabajos de magia en general. Sirve para casi todo, pero se nota especialmente en los asuntos de maternidad y de familia. Como es femenino, interviene en lo relacionado con el pecho y los senos. Además alumbra el camino espiritual en la tierra y aumenta la devoción y la humildad. En una emergencia puede sustituir a la vela de cualquier otro color, y entre sus usos propios están reforzar los lazos familiares, porque junta a los miembros de la familia, y purificar una casa, una persona o una relación: todo lo que se pueda purificar tiene que ver con la vela blanca.
Martes: vela roja. Es su día por excelencia. Casi siempre es una vela masculina, porque revitaliza y potencia la virilidad y los encuentros amorosos; el rojo es fuerza y autoridad. Simboliza la lucha y las ganas de vivir, salir de las dificultades y emprender o retomar proyectos, y en ella caben el nacimiento, el renacimiento y la continuidad. Una vela roja representa por sí misma un sacrificio ofrecido y un pacto con los seres del más allá. Se usa desde para un ritual de pasión amorosa o para pedir una noche apasionada, amor y más amor, hasta para ir a una entrevista de trabajo y ganarla. Dicho de otro modo, la vela roja nos ayuda a ganar batallas.
Miércoles: vela amarilla. Es el color más primitivo de todos los cirios y simboliza el comercio, el orden, el razonamiento, la rapidez y la comunicación, así que va bien para las transacciones comerciales de cualquier tipo. Se relaciona con los aspectos materiales del ser humano y resulta muy apropiada para los cumpleaños, porque nos recuerda la infancia y la juventud con sus luchas. También se utiliza para alumbrar el camino espiritual, ya que engrandece el alma y fortalece el corazón frente al egoísmo. Se enciende para que la comunicación y las transacciones vayan bien, y para pedir ánimo, movimiento y alegría.
Jueves: vela lila. Igual que le pasa a la negra, la lila tiene mala fama porque solo se le ve el lado negativo. Es una vela de tendencia femenina y feminista: favorece más a las mujeres que a los hombres, aumenta las capacidades personales dentro de la magia y el esoterismo, desarrolla los poderes paranormales y da a quien opera más clarividencia y nitidez a la hora de consultar sus oráculos. Se usa sobre todo para abrir caminos bloqueados, para cualquier tipo de videncia y para calmar a la persona y a su alma. Su poder se multiplica con la luna creciente y con la luna llena.
Viernes: vela rosa. El rosa es sensibilidad y emotividad, y también atracción física. Esconde todo lo relativo al conflicto y a la duda interior, y con ello los aspectos más contradictorios del ser humano. Es la vela del amor y del enamoramiento, la que hay que encender cuando hay cuestiones sentimentales de por medio: si hay dudas, si ha habido pequeñas discusiones y se desea una reconciliación o si se quiere potenciar el amor de pareja, sean heterosexuales u homosexuales. Ante cualquier problema amoroso, de la índole que sea, conviene recurrir primero a la rosa antes que a otro color.
Sábado: vela verde. Está relacionada con la esperanza, la inteligencia y también con la comunicación. Es el color de la naturaleza, una vela de alimentos, de flores y de primavera que promete abundancia de bienes. Pero sobre todo es la vela de la esperanza, la que usamos para hacer confluir nuestros deseos mientras esperamos que se cumplan. Nos lleva hacia los triunfos personales, hacia una ambición sana, hacia el cumplimiento de los objetivos y la organización de los proyectos. Por eso va muy bien para cualquier tema laboral, tanto para impulsarlo como para restar negatividad al ambiente de trabajo en el que nos movamos.
Domingo: vela naranja. Representa la disciplina y la fuerza para superar obstáculos o emprender empresas difíciles. Representa también al Sol, del que recoge uno de sus colores principales. En el naranja se mezclan la alta magia, la fuerza y la energía, de modo que favorece el magnetismo y el camino espiritual, nos ayuda a soportar los sinsabores del mundo y eleva los espíritus desde la tierra. Potencia cualquier otro ritual, así que se puede añadir para reforzar las peticiones. Se usa sobre todo para dar las gracias por lo que se ha pedido y se nos ha concedido, e incluso antes de que se conceda, porque encenderla es confiar en lo que vamos a recibir.
Los colores y lo que significan
Amarillo. Es el color del intelecto por naturaleza. Una vela amarilla se utiliza para traer claridad de pensamiento y despertar el poder de la mente. También se usa para llevar alegría a alguien o a algo, porque se interpreta como el color del sol y con ella se busca vitalidad y ganas de vivir, de modo que resulta muy útil en casos de depresión o tristeza. Sirve además para suavizar los comportamientos ariscos. En definitiva, allí donde haga falta luz y claridad mental, el amarillo es lo ideal.
Naranja. Recoge un poco de la energía de la roja y otro poco de la amarilla. Es ideal para atraer armonía y estímulo a la vida, de manera que no haya demasiados sobresaltos pero tampoco nada se estanque. Ayuda a tomar cualquier decisión y da adaptabilidad para afrontar lo que se nos ponga delante. Aporta además una mezcla de alegría y serenidad que viene muy bien para que las cosas salgan bien. En el naranja hay una energía de atracción muy potente, y por eso refuerza lo que estemos pidiendo.
Azul. Las velas de este color son muy aptas para llevar serenidad a un asunto o a una persona. Estimulan cualidades espirituales como la sinceridad, la fe, la esperanza, el amor y la fidelidad. Por eso son ideales para calmar tensiones después de una disputa, para arreglar una situación difícil entre personas y para conectar mejor con el mundo espiritual.
Blanco y dorado. Son los colores de la pureza y de la energía divina por naturaleza, así que resultan muy útiles cuando se quiere hacer una limpieza o buscar protección. También ayudan a atraer las energías positivas que necesitamos para actuar y favorecen, en una persona o en una relación, cualidades divinas como la verdad, la sinceridad, la inocencia, la esperanza, la sencillez y el amor puro. Ambas velas sirven de comodín para muchas cosas, sobre todo la blanca, que contiene todos los colores. Por eso la mayoría de las ceremonias se pueden hacer solo con vela blanca, para pedir cualquier cosa que necesitemos, desde lo más material hasta lo más espiritual. Son las más recomendadas.
Rojo. Es el que se usa en ceremonias y rituales de amor, porque tradicionalmente es el color del corazón. Pero el rojo también da salud y fortaleza física, se emplea mucho para animar a quien va a afrontar un peligro y protege las energías físicas y psíquicas. Se usa igualmente para activar y regenerar cualquier cosa que esté estancada o que parezca muerta, y por supuesto se asocia al triunfo. Es la energía guerrera que necesitamos para afrontar los grandes retos.
Rosa. Tiene una vibración superior a la del rojo porque se ha mezclado con el blanco. Las velas rosas apelan al amor más sincero, al romanticismo y a cualidades divinas como la dulzura, la serenidad y el cariño. Es el color de la compasión y del amor divino. También es buena vela para las ceremonias de salud, porque representa la belleza y la perfección. Activa los sentimientos y nos ayuda a ser mejores personas. Su energía es muy sutil.
Verde. Es el color de la fertilidad y está relacionado con la madre tierra, así que será muy útil en los asuntos que necesiten mucha productividad o creatividad. Atrae el equilibrio a la mente, al cuerpo y al espíritu y permite forjar una estabilidad y una seguridad casi inquebrantables. También se asocia a la salud, de manera que se puede usar para atraer salud o para solucionar una enfermedad sin reparos. Es muy útil para quien necesite suerte y para las ceremonias relacionadas con las finanzas.
Morado y púrpura. Es el color que resulta de mezclar el rojo con el azul. Tradicionalmente las velas moradas se utilizan para atraer poder y prestigio a quien las pide, y aplicadas a cualquier asunto, sobre todo financiero, aseguran un éxito rotundo. Son ideales, por ejemplo, para pasar una entrevista de trabajo o conseguir algo que se desea mucho. Eso sí, hay que tener cuidado de no caer en la tiranía ni en el exceso de ambición.
Plata y gris. Se consideran tradicionalmente colores neutrales, porque están entre el blanco y el negro. Por eso se suelen utilizar para detener algún mal, para tomar decisiones desde una posición más madura y para ayudar a madurar a una persona. Una vela plateada atrae la energía de la noche y de la luna, de modo que se puede usar en rituales o ceremonias nocturnas para representarla. Aporta además serenidad y hondura al pensamiento.
Marrón. También se asocia a la tierra, sobre todo a la tierra que todavía no se ha sembrado. Apela a su solidez y a su seguridad, y por eso se puede utilizar para recuperar la confianza en uno mismo o en la vida. Hay que andarse con cuidado, porque en su aspecto negativo puede atraer incertidumbre; cuando se use, conviene especificar muy bien lo que se quiere, no sea que obtengamos lo contrario de lo que pedimos. Sirve también para todo lo que se quiera hacer más estable y firme, como los negocios.
Encender velas según su color ayuda a que afloren las cualidades que llevamos dentro y permite combatir y anular nuestros defectos, como los celos, la avaricia, el rencor o el odio. También sirve para protegernos de todo lo negativo que nos posee o que provocan nuestros semejantes o cualquier otra causa.
Cómo se usan las velas
La vela, cuando se usa para un ritual o un trabajo, debe encenderse con una cerilla o con una ramita prendida, y no debe apagarse soplando ni apretando la mecha con los dedos. Hay que apagarla con un apagavelas de metal, que hoy se encuentra sin problemas en el mercado y suele ser de bronce. Mientras no tengamos uno, podemos usar un vaso pequeño o una copa, de cristal o de metal.
En los rituales con velas es muy importante tener en cuenta el color que se utiliza.
Igual que el sonido, la luz de una vela emite una vibración que, si observamos con atención, podemos percibir perfectamente con los ojos.
También podemos acompañar con una vela encendida nuestros momentos de intimidad en casa, tanto para sentirnos cómodos y relajados como para meditar, practicar yoga o concentrarnos, y además para obtener los beneficios que corresponden a su color, porque ayuda a que afloren cualidades que todos tenemos dentro y que anulan nuestros defectos.
Con las velas nos protegemos a nosotros mismos y a los demás de los ataques del mal. Con las velas de colores podemos combatir, entre otras cosas, los celos, la avaricia, la discordia, el rencor, el odio, la depresión, la tristeza, los peligros y la violencia; en definitiva, todo lo negativo que nos posee o que aparece en nuestro entorno por culpa de nuestros semejantes o de cualquier otra razón.
Desde la antigüedad se ha creído que la luz de las velas aleja al ser humano de la oscuridad, del frío, de las cosas que actúan en la oscuridad y de los malos espíritus.
El uso de las velas exige también esfuerzo personal. No basta con encenderlas: hay que poner tanta fe como cuando recitamos una oración.
Las velas que se ponen en los altares deberían ser siempre blancas, altas y de cera de abeja. Lo normal son dos, una a cada lado, pero también se puede poner una sola, siempre en el centro. Encender las velas debe ser lo primero que se haga en un ritual sobre un altar, y apagarlas, lo último. Conviene tener mucho cuidado con el fuego, que a veces ha provocado incendios graves.
La mesa del altar debe ser preferiblemente rectangular, aunque también puede ser cuadrada. Se cubre con un paño de altar que se use única y exclusivamente para los rituales, de seda natural si es posible.
Si entramos en más detalles, llegaremos a la conclusión de que una simple vela encendida pone en movimiento las fuerzas sutiles de la naturaleza: la vela sólida es tierra, al encenderse pasa a ser aire y fuego, y al derretirse, agua. Teniendo esto en cuenta, la vela es un receptor que fija nuestra petición y que, una vez encendida, expande y transmite esa solicitud hasta el punto que desea quien la enciende.
Una vela encendida no sirve solo para iluminar, como ocurría cuando no existía la electricidad. Hoy es mucho más: un instrumento simbólico que se utiliza para iluminar el camino de nuestros ruegos, peticiones y pensamientos y para conectarlos con el plano astral o con el entorno de la divinidad.
Las velas y los santos
San Jorge: verde, blanco y rojo. Se le pide que corte trabas, brujerías y ataduras, y que no deje entrar la maldad ni la envidia en nuestra casa.
San Cayetano: blanco y amarillo, para pedir trabajo y prosperidad.
San Roque: verde y marrón, para las enfermedades y las operaciones.
San Lázaro: blanco y negro, también para peticiones de salud.
San Pantaleón: blanco y verde, igualmente para problemas de salud.
San Jerónimo: blanco y rojo, para trámites judiciales.
San Marcos de León: blanco y rojo, para todo problema judicial, para trámites y para amores imposibles.
San Antonio: rojo. Se le pide por todo lo referente al amor, al dinero y al trabajo, y abre caminos.
San Cosme y San Damián: rosa y celeste, protectores de los niños.
Santa Bárbara: rojo y blanco, para alejar a todo espíritu negativo o perturbador y para los amores imposibles.
Inmaculada Concepción: vela amarilla, rosa o blanca. Se le pide por la felicidad, el amor y la protección de la familia.
Medalla Milagrosa: celeste, blanco o rosa. Se le pide por la familia, por los niños y por todos los imposibles.
San Cipriano: rojo, blanco y negro, para cortar todo trabajo de magia negra y las perturbaciones espirituales.
San Onofre: amarillo y marrón, para el dinero y el trabajo.
Stella Maris: celeste y blanco, con las mismas peticiones que a la Medalla Milagrosa.
Santa Lucía: azul o violeta, para los problemas de la vista.
Santa Ana: blanco y violeta. Representa a las madres y a la familia.
Jesucristo: blanco, que representa el bien por naturaleza y vale para cualquier petición.
Virgen de Luján: celeste, o blanco y celeste.
Virgen de Fátima: blanco o amarillo.
Virgen del Carmen: celeste o blanco.
A estas tres últimas se les pide por igual todo tipo de gracias.
Virgen Desatanudos: blanca, con siete nudos. Para destrabarlo todo.
Santa Rita: rosa o marrón. Es la patrona de las causas imposibles.
San Miguel Arcángel: rojo y blanco, para cortar trabajos de magia negra y las negatividades en general.
Espíritu Santo: blanco, para todas las peticiones, igual que Jesucristo.
Santa Catalina: rojo y verde, para problemas de justicia, de salud y de amor.
Rosa Mística: amarillo, blanco y rojo, para todo tipo de ayuda espiritual.
Virgen de Lourdes: blanco o amarillo, para todo tipo de peticiones.
San Ramón Nonato: blanco, para pedir un buen embarazo y un parto feliz.
Rosario de San Nicolás: rosa, blanco y celeste, también para todo tipo de peticiones.
Virgen de Guadalupe: rojo y blanco, para cualquier petición.
Pancho Sierra: verde o blanco. Se le invoca para la salud.
Madre María: blanco o amarillo, con los mismos fines que el anterior.
Gauchito Gil: rojo, para toda clase de peticiones.
San La Muerte: blanco y negro, como a toda entidad popular, para cualquier petición.
No hay que darle muchas vueltas: si tenemos un mínimo de confianza en ellas, encender la vela adecuada nos ayudará a que nuestros buenos deseos se hagan realidad.
Acudir a la magia de las velas es algo sencillo y a la vez poderoso, que nos ayuda a cambiar lo que no nos gusta y a conseguir lo que esperamos. Si queremos, puede ser tan simple como encender una vela.
Las velas según el signo del zodiaco
Según el signo de la persona para la que se enciende la vela, conviene utilizar:
Aries: rosa claro, roja y blanca.
Tauro: verde, roja y amarillo limón.
Géminis: rojo carmesí, morada y verde.
Cáncer: naranja, amarilla y verde Nilo.
Leo: rosa, amarilla y naranja.
Virgo: rosa, morada y dorada.
Libra: rosa, dorada y verde.
Escorpio: naranja, amarilla y azul.
Capricornio: rosa, roja y amarillo oro.
Acuario: amarilla, marrón y azul.
Piscis: azul, verde esmeralda y roja.
Lo que dice la llama
La vela tiene su propio significado y, según la forma de la llama, su tamaño, sus movimientos y su color, dice cosas distintas.
Abandono: la llama arde débil y se apaga con frecuencia.
Abatimiento: es baja y a veces la vela llora.
Aceptar: la llama es nítida y crece.
Acertar: es clara y aumenta de tamaño.
Agredir: la llama chisporrotea y a veces suelta humo oscuro.
Ambición: la llama dobla su tamaño. Si el anhelo es sano, es nítida.
Ambivalencia: baja y oscilante.
Amistad: el fuego prende bien y es claro. Se agranda si la amistad va a ser duradera.
Amor: la llama prende sin problemas al primer intento. Será nítida y subirá con fuerza si el amor va a ser correspondido.
Angustia: la vela llora, suelta humo oscuro o chisporrotea.
Aumentar: el fuego dobla su tamaño y es nítido y muy brillante.
Autorizar: es nítida y crece.
Avaricia: la llama chisporrotea, se consume deprisa y en la punta de la mecha se acumulan unas bolitas de grasa. A veces el fuego gira en espiral.
Bebida: la vela llora, se extingue enseguida y la llama puede soltar chispas o humo.
Beneficio: la llama es clara y se desarrolla.
Boda: prende sin problemas, dobla su tamaño con nitidez e incluso se ve un tono más brillante en la punta.
Bondad: la llama es clara y crece. En el centro adquiere una coloración azulada.
Cambio: el fuego es nítido y aumenta de tamaño si la transformación es positiva.
Cesar: la llama es baja y hasta puede apagarse.
Comprar: es clara y crece cuando anuncia una buena adquisición.
Confirmar: la llama es resplandeciente y dobla su tamaño rápidamente.
Conseguir: es nítida y se desarrolla si el asunto va a lograrse.
Conservar: el fuego es claro y no debe apagarse ni menguar.
Curar: la llama es clara, prende a la primera y crece.
Demorar: arde débil y puede llegar a disminuir de tamaño.
Desconfiar: puede chisporrotear, llorar o soltar humo, y a veces se mueve en espiral.
Desembolso: la vela llora o suelta chispas.
Desistir: igual que cesar.
Destacar: el cirio arde con nitidez y la llama aumenta hacia arriba.
Disminuir: la llama mengua. Si llega a apagarse, habrá pérdidas importantes.
Dolor: la vela llora, suelta humo oscuro o chisporrotea.
Embarazo: la llama dobla su tamaño y adquiere una tonalidad más brillante.
Empezar: es nítida y va aumentando de volumen.
Enamorar: igual que amor.
Encontrar: el fuego es claro y crece hacia arriba.
Engañar: suelta humo oscuro, gira en espiral, chisporrotea y en ocasiones se apaga.
Esperar: igual que demorar.
Examen: cuando augura suerte, la llama crece brillante.
Éxito: la llama dobla su volumen, es nítida y en el extremo de la mecha se ve una tonalidad más resplandeciente.
Extraviar: suelta humo negro, disminuye de tamaño y por lo general se apaga.
Fama: la llama aumenta de tamaño y es diáfana.
Favor: crece con nitidez.
Felicidad: el fuego dobla su tamaño y el final de la mecha adquiere un tono más brillante.
Fiar: la llama se desarrolla con claridad.
Financiar: crece nítida.
Fingir: el fuego suelta humo oscuro, chisporrotea e incluso se apaga.
El calendario de las velas
Enero: oro, para obtener perfección, riqueza y triunfo.
Febrero: blanca, para la protección, la luz y la pureza.
Marzo: roja, para la pasión, el amor de pareja, la sexualidad y la buena salud.
Abril: amarilla, que transmite alegría y prosperidad.
Mayo: morada, para la sabiduría, el idealismo y la dignidad. Atrae éxito, prestigio y triunfo en los secretos del corazón.
Junio: azul celeste, el cielo y el mar. Simboliza armonía, fuerza y potencia, y atrae fidelidad, tranquilidad y sinceridad.
Julio: rosa, para la armonía.
Agosto: verde, que representa la bondad, el amor por la naturaleza y el renacer de la vida tras el invierno y el frío. Propicia también la calma y la serenidad, da claridad mental y favorece los afectos y las relaciones con la gente que nos rodea.
Septiembre: naranja. Rompe las sombras que nos rodean en los casos de depresión fuerte y favorece los ascensos y los cambios de trabajo.
Octubre: azul fuerte, que da protección y trabajo.
Noviembre: cobre, que otorga vigor.
Diciembre: plata. Encenderla favorece los asuntos de dinero, negocios, inversiones y sociedades.
La unción de las velas
Primero se divide la vela mentalmente en dos mitades iguales:
El polo norte, que va del centro de la vela hacia la mecha.
El polo sur, que va del centro de la vela hacia la base.
La unción consiste en aplicar con las manos aceite, fluidos, polvos o lo que corresponda, en la pequeña cantidad que necesite la vela, siguiendo las dos direcciones. Hay que intentar ungir el mismo número de veces cada mitad, y al untarla conviene concentrarse en lo que queremos conseguir con esa vela. La concentración mental es fundamental en cualquier fase: la unción, el grabado y el encendido.
El grabado ascendente sirve para dar fuerza a una persona y para mejorar el trabajo, el amor, la protección, la luz y la suerte. El grabado descendente sirve para disminuir la negatividad, para ayudar a una persona bloqueada, contra los vicios y cosas por el estilo.
Los deseos y las velas
Piensa en algo que desees conseguir y concéntrate en ello. Coge una vela del color apropiado (mira más arriba la lista de colores y sus propiedades) y úntala entera con una o dos gotas de aceite de mirra. Con un alfiler recto, escribe tu deseo en el costado de la vela, hundiendo la punta en la cera, enciéndela y déjala arder hasta que se consuma del todo. Eso es todo lo que hay que hacer. Parece poca cosa, pero es un hechizo muy potente.
Un abrazo.
Javier Sanjuán